Hoy están de fiesta los cosos de al lau
Siempre es bueno tener algo para festejar, aunque por esta castigada zona cada vez hay menos cosas que merezcan ser festejadas. Llueven pálidas, llueven aumentos, llueven restricciones, llueven amenazas, llueven lluvias. Y si acaso, muy de tanto en tanto, gotea una fiesta. Por eso, como decía mi tía Maruja, cuando se presenta una oportunidad de festejo no se la puede dejar pasar de largo. Ella, oportunidad que le pasaba cerca, la manoteaba. Otra cosa no tendría, pero para eso era una luz. Y siempre había un galán en el barrio, y algún atorrante también, que la festejaba, que la afilaba, que se preparaba para atracarle la chata, para llevarle la carga cerrada. Pero la tía, así como gustaba que la festejaran y estaba pronta para recibir, con la misma facilidad y resolución, al poco tiempo rechazaba. Siempre encontraba que al otro le faltaba, o le sobraba algo.
O era medio vago, o muy pretensioso, o era muy machista, o lo veía medio afeminado, o no le gustaba bañarse, o era medio bobo, o muy avispado, o era comunista, o lo habían visto con otra, o era muy bajo, muy alto, muy gordo, muy flaco, muy conversador o muy silencioso. Según ella, en realidad, le gustaba coquetear. Según alguna cuñada, en realidad, era media putita la tía Maruja. Pero no, no lo era, era enamoradiza, y no tenía suerte. Eso era lo que pasaba, que no tenía suerte para encontrar lo que andaba buscando. Porque va mucho en suerte, a mí que no me digan. Porque algunas se casan con el primer novio que tienen, y les va bárbaro. Y otras, che, no hay caso, no la embocan. Creo que va mucho en embocarla, o no embocarla. Algunas la embocan a medias, otras la embocan y de pronto se les zafa, y otras no la embocan nunca.
Esperemos que hoy, la Argentina, dentro de lo posible, la emboque, y quiera Dios que la mantenga embocada durante el tiempo reglamentario. Hoy festejan, y como suele decir Don Verídico, «Viene gente de lejos pa ver». De lejos, y de cerca, porque nuestro Presidente, ¡ay!, también está entre los invitados. Y aquí entramos en la parte nerviosa del asunto. ¿Se sabrá comportar como es debido? Yo sé que es un hombre educado, mundano, que sabe tomar los cubiertos, que es incapaz de comer una aceituna y soplar el carozo en la mesa, que si estornuda da vuelta la cara, que no se mete la mano en el bolsillo del pantalón y se rasca. Yo sé que no va a confundir Platón con Sócrates, ni Maroñas con San Isidro, porque esas cosas él las tiene claras. No es papelonero, no señor. Difícil que se emborrache y se ponga a bailar arriba de una mesa, porque no es hombre de copas. Pero yo tengo miedo que le haga un chiste al nuevo presidente Kirchner (¡con lo fácil que era pronunciar «Menem»!) y que le pregunte algo sobre el bastón de mando, porque acá no se usa ¿vio?, y que lo invite a venir para las Llamadas de Carnaval a laburar de bastonero. O que, recordando aquello de que eran todos ladrones, le haga algún chiste sobre «la banda» presidencial. Fíjese que a éste no lo conocemos, no tenemos confianza como con Duhalde que hasta medio uruguayo es, y este es de por allá abajo, de los hielos, y tiene esa mirada rara, como que te está mirando a vos pero sin perder de vista al otro, y a mí esas cosas, qué quiere que le diga, me asustan un poco.
Para peor, con Chavez y Fidel Castro ahí, que con este frío qué necesidad tenían de venirse desde el Caribe, que Fidel es otro que no aprende más y le sigue dando a la pata por el mundo, y no se pierde oportunidad de lucirse.
En fin, esperemos que terminen la fiesta en paz, y que aquí, los Abdala & compañía se aguanten piola con las visitas molestas, tan cercanas, y que se vayan haciendo a la idea de que, para las elecciones que vienen, los tendremos aquí como invitados. Al que no quiere sopa, dos ollas. *
(*) Humorista
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