Para entender la crisis venezolana
En Venezuela no hay libertad de prensa. Aquel periodista de medios como Televen, Venevisión, El Universal (y una lista demasiado extensa como para reproducirla) que dé una noticia que favorezca al gobierno, se queda de inmediato sin trabajo. Ante la duda, puede preguntarse entre otros a Andrés Izarra, que fuera jefe de prensa de uno de esos medios y al recibir la orden de no comunicar nada sobre la violenta represión que la Policía estaba haciendo durante el golpe de abril de 2002 contra los ciudadanos que reclamaban el retorno de su legítimo presidente, se quejó ante uno de los directivos, reclamando la libertad y el derecho de dar a conocer la información sin importar a quién beneficiara, sin importar a quién perjudicara. La respuesta fue tajante: «O se ajusta a los lineamientos de la empresa o se va». Se fue. Junto con él fueron despedidos dos periodistas más de una importante radio de la capital.
2) En Venezuela hay un profundo racismo. Algo difícil de entender para los uruguayos, pero fundamental para entender un conflicto de múltiples raíces. Tener un presidente que ha heredado ligeros rasgos de su madre mestiza, es algo que afecta profundamente la sensibilidad de los más encumbrados sectores de Caracas. Y no lo ocultan: le llaman «el mono».
3) En Venezuela no hay cultura cívica. Si bien es cierto que mantuvieron un sistema democrático cuando el resto de Sudamérica estaba infestado de dictaduras, la cultura del pueblo es violenta. Adecos y copellanos, que fueran barridos en las urnas, no respetan el resultado de los comicios y quieren revertirlos de cualquier manera, sin importar la sangre o miseria que cueste.
4) En Venezuela la aristocracia tiene conciencia de clase. También eso es algo difícil de comprender para un uruguayo, acostumbrado a ver al doctor Fulano tomando un café con un hombre de «a pie», comentando el partido del día anterior o el clima. Allí, la clase alta tiene un formidable desprecio por todos los que se mueven bajo su nivel.
5) En Venezuela es urgente terminar con los privilegios desmedidos. Que un director de Pedevesa gane entre 35.000 y 53.000 dólares por mes mientras el 80% de la población vive en la miseria es algo que más que criticado, debe ser repudiado.
6) En Venezuela hay petróleo. Ese y no otro es el principal problema, no sólo de Venezuela, sino de Irak. Esa y no otra es la causa de la injerencia descarada de los Estados Unidos en los mismos.
7) En Venezuela se están comprando golpistas. Tengo conocidos que se comunican conmigo y me han confesado que si cae Chávez ya tienen designado un cargo en la nueva administración.
8) Los medios de comunicación hacen propaganda de guerra permanentemente y sin descanso. Sin embargo, no han sido clausurados, pese a que se han descubierto mentiras y calumnias a granel. Si lo hiciera, la comunidad internacional tendría la excusa de tildarlo de dictador; por lo que está entre la espada y la pared.
9) Chávez impulsa una reforma agraria. Jacobo Arbenz en Guatemala y Wilson Ferreira Aldunate son claros ejemplos de cómo trata el imperio a los que se atreven a hablar de tal cosa. Los mismos norteamericanos han reconocido su culpabilidad en el derrocamiento del primero y el complot que impidió ser presidente al segundo.
Cuando luego de 48 horas de estar detenido, el presidente Hugo Chávez retomó el poder, convocó al diálogo para solucionar el conflicto. Se permitió al dictador Carmona asilarse en un país extranjero sin pagar con cárcel sus crímenes. Chávez apeló a la indulgencia pero aquellos con los cuales fuera indulgente, hoy están impulsando su derrocamiento y arengando a las Fuerzas Armadas a alzarse contra el gobierno constitucional.
Actualmente la oposición está llevando a cabo un golpe de mercado y comienzan a faltar productos en los comercios, a la vez que se despiden empleados masivamente para poner a la población contra Chávez, a quien no han permitido gobernar ni un solo día.
Hay quienes sugieren elecciones para solucionar el diferendo. Ya hubo varias y todas las ganó Chávez y en ninguno de los casos la oposición acató el resultado, llegando a derogar por 48 horas la Constitución aprobada de manera aplastante por las urnas. Si apoyamos salidas fuera de las previstas en dicha Constitución, estaremos avalando que hay que oponerse violentamente para tener éxito.
Según fuentes golpistas, Chávez tiene sólo un 36% de popularidad, lo cual amerita su alejamiento. ¿Qué dejan entonces para Kirchner, con poco más del 20%? ¿Y qué hacer con Jorge Batlle y un modesto 15%? Sin embargo, ningún uruguayo habla de sacarlo por la fuerza, algo imposible de entender para muchos venezolanos.
Si Chávez cae, y teniendo en cuenta que sus detractores son los mismos que han mantenido durante décadas al 80% de la población en la máxima miseria mientras ellos acumulaban fortunas inmorales, no se hará más que reafirmar algo evidente:
1) El neoliberalismo no soportará a ningún presidente que se preocupe por la gente pobre.
2) Las privatizaciones se llevarán a cabo pese a quien pese.
3) Los patriotas son kamikazes que, como todos los patriotas, terminarán mal.
4) Los Estados Unidos mantendrán su autoridad de cualquier manera en cualquier parte del mundo.
Hablar de revolución es fácil, hacerla es otro cantar. Muchos chavistas han desertado, derrotados por una propaganda permanente y mentirosa. *
(*) Escritor, autor de «El Pozo de Pandora»
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