Menem que se baja y Duhalde que se viene
Menem se bajó. No es la primera vez que se baja. Pertenece a una clase de políticos que suelen bajarse. Es curioso, porque al mismo tiempo son trepadores. Nosotros tenemos más de uno, y no quiero señalar porque queda feo, que suelen bajarse aunque sea por gusto, sin ninguna necesidad, van y se bajan por vocación. Son bajadores, o bajistas, o bajoneros, o como se llamen, pero son sin duda bajoneadores, del verbo bajonear, él bajonea, ellos bajonean, pero a mí no me vengan con bajones. Menem, simpático y jaranero vecino de enfrente, compadrito a la violeta capaz de darle consejos a Fidel, no quiso que nuestro bajador que lo dio ganador se sintiera mal viéndolo perder en la segunda vuelta, y se bajó antes de la parada. Posiblemente comprendió que no estaba en condiciones de aguantar la parada, y se bajó antes de que lo tiraran. Porque una cosa es copar la parada, y otra es aguantarla. De la misma manera, una cosa es bajarse delante de Bush, y otra bajarse delante de las urnas. Lo que llamó la atención fue lo mucho que demoró esta vez en bajarse. Todo el mundo esperando que se bajara, y no se bajaba. Un país entero, más sus vecinos socios, esperando a ver si el señorito se baja o no se baja. Hubo un momento en que todos se dieron cuenta de que sin duda se bajaba, pero se esperaba su palabra, su confirmación, se estaba pendiente de que dijera: «Señores, me bajo», o de lo contrario: «Señores, no me bajo nada». Pero pasaban la horas y lo único que hacía era asomarse a las ventanas y saludar, y tirar besitos, pero minga de hablar una palabra sobre la bajada. Pero estaba clavado que se bajaba. No con la rapidez con que se bajaba ante una situación de relación carnal, claro, pero se bajaba. Y aquí, Batlle esperando a Duhalde y pensando: «¿Con qué cara lo saludo a éste ahora?». ¡Qué situación! Todo ocurriendo simultáneamente. Aquel a quien dimos como ganador se baja, y su rival sube. Y en medio de esa puja y repuja, el presidente Duhalde que viene. ¿Y nuestro pollo? Apichonado.
Sacando pecho y sonrisa, pero en el fondo, apichonado. ¡Se la doy a cualquiera!, como dijo uno y tenía una bomba en la mano. El otro será presidente interino, pero es presidente, y en el poco tiempo que lleva ejerciendo, el nuestro se mandó dos pifias que ni te digo. Sin maldad, eso sí, porque él es incapaz. Por suerte Duhalde larga este mes, lo que permite suponer, salvo que el nuestro se esmere, que no habrá otro papelón. Al menos con este presidente. Con el otro… bueno, con el que viene, Dios dirá. *
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