Un presidente impresentable
Que el Presidente de la República es mufa ya lo sabíamos, tiene la mayor cantidad de aciertos en el error, lo último fue lo de Menem pero basta mirar alrededor nuestro para darnos cuenta de la virulencia de su mufa. Qué me venís con la neumonía atípica, si cuando fue a EEUU tuvo que intervenir el otro George porque Rumfeld lo quería detener por ser un arma de destrucción masiva hecha persona.
Pero además del mufismo, el Presidente tiene otros problemas.
El más notorio son sus múltiples nacionalidades.
Yo todavía me acuerdo cuando Jorge Batlle era uruguayo. Tan uruguayo que para el balotaje se quitó de encima el colorado quincista y se vistió de celeste y blanco. Era tan uruguayo en aquel entonces, que hasta se dio cuenta que había demasiados impuestos y prometió reducirlos. Más tarde se declaró medio argentino. Nunca aclaró si esa mitad correspondía a la de los «ladrones», de acuerdo a sus dichos fuera de micrófono en la cadena Bloomberg, pero lo cierto es que quizás esa mitad corresponda a la mano derecha con la cual firmó las decenas de nuevos impuesto que puso.
Pero muy pronto se descubrió, por sus dichos y sus acciones, que en realidad él era norteamericano. Más norteamericano que Rambo y John Wayne juntos. Tanto, que esta mezcla de razas le hizo decir en su lengua madre: «We are fantastic». Es decir: «Somos ficticios, apócrifos, falsos, inexistentes…».
Cuando todos nos estábamos acostumbrando a ser gobernados por un yanqui medio argentino con algo de uruguayo, ¡zás!, se declara «medio paraguayo».
Y hace unos días, dijo: «mi segunda patria es Bagé». Por si quedaban dudas de su naturaleza no humana, dijo: «Si se habla de caballos, por suerte tenemos muchos tipos. Algunos somos de cancha recta y yo prefiero de esos». Que me corrija Mendieta, pero ese «somos» lo ubica entre los equinos. Esto último lo dijo presenciando las pruebas del «Freno de Oro» en la Rural. *
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