EL VEHICULO DE SALUD PUBLICA TRANSPORTA A VARIOS PACIENTES A LA VEZ

La ambulacia de la Ciudad de la Costa no tiene luces, sirena ni seguro

Dentro del vasto universo de diferentes problemáticas que presenta la Ciudad de la Costa, se le suma el hecho de que para toda la población residente en la zona y que depende del Ministerio de Salud Pública para su atención médica, sólo se cuenta con una única ambulancia, que además, dista de cumplir con un servicio decoroso.

El vehículo carece de luces que la identifiquen como una unidad de traslado, y tampoco tiene luz en su interior. Tampoco cuenta con sirena y ha llegado a trasladar a más de un paciente a la vez, para ahorrar combustible.

Obviamente el vehículo no cuenta con seguro que cubra de eventuales accidentes. Y todo ello a pesar de haberse gastado 5 mil dólares en arreglos mecánicos que dejaron sin resolver los mencionados inconvenientes.

Consultado al respecto de esta situación el diputado Luis Gallo (AU-FA) aseguró que esta ambulancia carece de un cuidado especial, como si hubiera gente «que no deseara que funcione adecuadamente», al tiempo de aclarar que el problema de las ambulancias en toda la costa canaria constituye «un tema sumamente delicado».

Por su parte Juan Carlos Rodríguez, integrante de la Comisión Interna del Centro de Atención de la Ciudad de la Costa, ratificó a LA REPUBLICA las carencias de la ambulancia.

El Centro  que cuenta con 120 funcionarios, entre técnicos y no técnicos  no es una Unidad Ejecutora, por lo que depende del Hospital que el Ministerio de Salud Pública tiene en la ciudad de Pando. Debido a ello carece de independencia operativa.

Esa situación se genera así a pesar de que en la última Rendición de Cuentas se había resuelto determinar que se transformara en Unidad Ejecutora, pero de momento no hubo respuesta.

En estos días atiende a más gente que en Hospital de la ciudad industrial, ya que promedialmente recibe a más de 10 mil personas mensualmente.

Rodríguez sostiene que sólo por la policlínica pasan 5 mil personas, en tanto que por la emergencia lo hacen algo más de 2 mil todos los meses. Hay que agregar que la difícil situación social que se vive en la zona, debido a la desocupación, no hace otra cosa que recargar aún más a un servicio que se presta al límite de sus posibilidades. La ambulancia es la única con la que se cuenta en la Ciudad de la Costa y más allá de su situación irregular, Juan Carlos Rodríguez afirma que «a veces funciona como una bañadera, con más de tres pacientes a la vez», cuando la lógica racional indica que sólo debería transportar a un paciente acompañado por un enfermero.

Toda la situación se torna más delicada por el hecho de que si la ambulancia sufriera un accidente, no tiene cobertura de un seguro, ya que «la mayoría de los vehículos estales carecen de seguro por problemas presupuestales», aseguró Rodríguez. Si algo ocurriera quien se debe hacer cargo de toda la responsabilidad es el chofer de turno.

El funcionario reconoce que «la ambulancia no difiere demasiado de una camioneta de reparto», e incluso mencionó que el vehículo fue adaptado para cumplir la función de unidad de traslado.

Las quejas al respecto ya han sido elevadas a la dirección del centro así como a las autoridades del Hospital de Pando.

El tema, grave en su naturaleza, se agudiza aún más por el hecho de que el Centro también presenta graves carencias en lo referido a los insumos. «La propia gente trae algodón y alcohol ya que el Estado no le paga a los proveedores», dice Rodríguez.

Hace pocas semanas, al cuestionado vehículo se le realizó un cambio de motor por lo que se gastó una cifra superior a los 4 mil dólares, a lo que se le sumaron otros mil dólares para solucionar problemas de dirección y neumáticos.

El funcionario informa que ese mismo trabajo se pudo realizar por menos de la mitad del dinero por un mecánico de la zona, pero al carecer de boletas se debió recurrir al service oficial de la camioneta.

A todo esto, los propios usuarios se han manifestado en el sentido de buscar soluciones a la problemática, pero se encuentran con la barrera infranqueable de la falta de recursos, único argumento esgrimido por las autoridades.

A todo ello hay que agregarle ciertos desbordes en la conducta de algunos de los que se asisten en el centro originados «en la frustración de la gente» pero no han pasado a mayores, a pesar de que el Centro carece de vigilancia policial.

Por el momento y pese a todas las carencias mencionadas, no hay elementos que permitan vislumbrar una solución rápida a la compleja problemática. *

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