Hoy Juceca

Cuba ya está fastidiando mucho

Esa tozudez de Fidel, eso de seguir pensando lo mismo que hace cuarenta años, fastidia, saca de quicio. Es hora de que siente cabeza, de que ponga los pies en la tierra, ya no es aquel joven encantador, ¡vamos!, que de aquella barba quedan pocos pelos, y de aquella voz ¡aquella voz, aquel ímpetu!, queda una afonía trabajosa. Ya no deslumbra, ya no seduce, ya no enciende llamaradas, que se retire, que se jubile, que se siente a tirarle miguitas de pan a las palomas, tal vez alguna sea descendiente de aquella que se le posó en el hombro cuando entraba triunfante a La Habana, cuando era un muchacho loco y atrevido que le venía pisando los talones a la utopía, tan querible él junto a Camilo. Le cuesta hacerse a la idea de que los años pasan y dale con la utopía, y dale que dale con el bloqueo. Ya sabemos, no es novedad. ¿Qué quiere con el bloqueo? ¿Que se lo levanten, quiere? ¡Ufa! Está lelo, chocho, fané. Viejo utópico. Estuvieron bien aquellos actos heroicos, impresionaron, conmovieron, entusiasmaron, pero cuarenta años heroicos, sin parar, agarran el gris de la rutina, aburren.

Eso es lo que pasa. No se puede insistir así, y machacar y machacar décadas y décadas, que no son días, señor mío. Que renuncie, que llame a elecciones como en Argentina, como bien se lo tiene dicho Menem, el candidato de Jorge Batlle, nuestro presidente, que sigue abriendo la boca en la Estación Carnelli, el gran bobo alegre. Pero este hombre, Fidel, no le hace caso a nadie, che, ni a los intelectuales amigos que tan bien saben lo que le conviene a los cubanos, que por algo han estado tantas veces de visita. A los amigos hay que respetarlos, y no sólo escucharlos pacientemente sino hacer lo que ellos consideran acertado, conveniente, oportuno, y no abusar, fundamentalmente no abusar porque llega un momento en que se plantan, y hasta aquí llegó mi amor. Y seguramente que se plantan en forma acertada, y en el momento conveniente y oportuno, porque ellos son así, siempre justos, correctos, limpios, sin mácula, comen los tallarines y jamás se salpican con el tuco, ¡que calidad! Y Fidel dale con ver fantasmas, sufre de persecuta, sigue pensando que lo de Bahía de Cochinos fue verdad y él estaba en primera línea arriba de un tanque dirigiendo la defensa de la revolución, y que se puede repetir, porque se asustó con la invasión a Irak, que al final no fue para tanto ni se acabó el mundo, vamos a ser justos y a no tirar pálidas ni aplicar todo el rigor de la ley. Y es verdad, duele que Cuba aplique todo el rigor de la ley, y que las cosas en no sean tan limpitas, transparentes, dulces, cristalinas, cantarinas. Yo también quería que se comiera los tallarines sin salpicarse con el tuco. Pero los tallarines tienen eso, que en cualquier momento chicotean y salpican. Salvo que te los comas sin tuco. *

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