¿Cómo hizo el señor Presidente para conseguir hora con Bush?
El señor Presidente dijo que viaja poco, pobre. Que es poco lo que abandona el país, cosa que se le cree menos porque el país está muy abandonado. Hay un viejo chiste, según el cual un médico le dice a su paciente que le hace falta cambiar de aire, porque tiene un aire de idiota que mata. No es el caso, por favor, que se le pueda aplicar a nuestro señor Presidente, por la sencilla razón de que nuestro señor Presidente tiene aire de vivaracho, de divertido, ocurrente, e inteligente. Si esto fuera poco, bastaría para no relacionarlo con el chiste el respeto que merece y que uno, ciudadano del país que preside, le debe en todos los órdenes y desordenes habidos y por haber. ¿A santo de qué apareció el chiste del cambio de aire? Vaya uno a saber las asociaciones de ideas que hace el inconsciente. Y cuando digo «el inconsciente» me refiero al mío, y nunca al señor Presidente, aclaración que hago en forma apresurada para evitar suspicacias tan comunes cuando se trata de personalidades públicas. El señor Presidente se va de viaje y a mí me parece bien. ¿Si no es ahora, cuándo? Bien quisiera yo viajar a Washington con todo pago. A Washington o a Vichadero, que al precio que están los pasajes hay que aprovechar la volada cuando la ocasión se presenta. Y el señor Presidente, que efectivamente no ha hecho abuso de sus posibilidades para trasladarse por el mundo a cuenta nuestra, bien se merece un viajecito cada tanto. Ver otros paisajes, escuchar opiniones sobre su persona distintas a las que tiene que tolerar aquí en casa, que lo elogien, que le reconozcan el cargo y le respeten el nivel, che. Porque aquí somos mucho de dale que va, y vamo arriba, y no te hagas el presidente que te conozco de chico. No hay respeto por las categorías, no hay respeto por la investidura, al menos, que debiera haberlo, digo yo, ¿no? Porque si vamos a tratar a todos iguales, ¿dónde quedan las sagradas diferencias, eh? No es justo que un presidente deba salir de su país para que en otros países le hagan los honores que no le hacen en el suyo.
No es justo. A mí, lo que más me sigue llamando la atención, es que nuestro señor Presidente haya logrado concertar una entrevista con su colega norteamericano, cuando aquél se encuentra seriamente ocupado en la invasión a Irak. No es moco de pavo conseguir hora con George Bush. ¿Cómo hizo, señor Presidente? ¿Qué le prometió? ¿Cómo lo sedujo? ¿Qué le lleva de regalito? Dígame cómo hizo, señor Presidente, porque yo llevo días enloquecido, tratando de conseguir hora con un analista, y no me da. *
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