Los árabes no pelean limpio
Los árabes usan artimañas, hacen jugarretas, son taimados, son astutos, se valen de distintas tretas, agreden, emboscan, se esconden y de pronto aparecen y se esconden de nuevo, disimulan, se atrincheran. Los árabes no pelean limpio. Acometen con fiereza, y por lo tanto se defiendan ferozmente y en forma encarnizada, que es una de las peores formas. Son patriotas, son fanáticos, son religiosos desde hace siglos. Aparentan ser sospechosos, y despiertan sospechas. Lo hacen a propósito, sin el menor pudor ni recato. Usan la sospecha como un arma. Le hacen perder tiempo al enemigo. Los árabes no pelean limpio. Amedrentan, amenazan, levantan los fusiles y danzan, y cantan.
Sus cánticos son ofensivos, hirientes, irrespetuosos, insultantes. En cualquier momento producen un sobresalto, intimidan, y cuando nadie se los espera, sin previo aviso y sin la mínima señal que permita preparar una defensa, embisten. En esta guerra han sido varias las embestidas de los árabes, y pese a las advertencias que se les ha hecho, al menor descuido vuelven a embestir. Los árabes no pelean limpio. Al principio de los bombardeos aéreos Bagdad estaba todas las noches iluminada, pero ahora, cuando el enemigo tiene que entrar caminando, apagan las luces. Que tropiece, que se golpee las rodillas, que se caiga, que se raspe los codos, que se enganche la ropa nueva en algún alambre, que se haga trabones, que pise caca por no ver, así razonan los árabes de Irak, así hacen la guerra los iraquíes, violando todas las normas de convivencia humana. Y la Organización de las Naciones Unidas, incluyendo su Consejo de Seguridad, hacen la vista gorda. Los árabes no pelean limpio. Tienen armas de destrucción masiva y no las usan. Tienen armas tóxicas y se las guardan. Con la única finalidad de dejar mal parados a quienes aseguraban que las tenían y que estaban dispuestos a usarlas, simulan no tenerlas.
Los árabes no pelean limpio. No contentos con haber cuestionado la invasión durante sus preparativos, llegado el momento la rechazan, la repelen, la dificultan. Y lo que es peor: una vez que el enemigo penetra en el territorio, pretenden crearle problemas, formar bolsones, aislarlo para luego tirarle con cosas, maltratarlos, injuriarlos, faltarles el respeto que merecen por el esfuerzo realizado, por haber venido desde tan lejos. No les reconocen méritos. Y parecen ignorar los tratados internacionales. Reniegan de las leyes que regulan los enfrentamientos bélicos, las violan con total desparpajo. Así no es vida, así no es guerra, así no vale. Definitivamente, los árabes no pelean limpio. *
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