Otro viaje presidencial: todo sea por la carne

Está claro que con su modestia habitual, el presidente sostiene que en realidad no han sido muchas sus salidas del país, pero a poco que uno haga memoria, constata que son varias las rutas recorridas y varias, también, las veces que las ha recorrido. Sobre todo la que conduce al próspero norte imperial, lugar que visita asiduamente.

Pero el mandatario también se ha aventurado por las rutas aéreas que conducen a Cipango y Cathay. Sin embargo, y a diferencia del célebre viajero italiano, nuestro presidente no trajo del Lejano Oriente especias, tallarines ni pólvora, con los que Marco Polo deslumbró al bárbaro Occidente medieval. El objetivo presidencial era muy otro: intentar que los mandarines nos compraran algo, cualquier cosa, arroz, soja, frazadas, patas de ñandú, yerba mate, espectáculos de carnaval, pieles de aperiá, y sobre todo, ¡carne! El no quiere deslumbrarnos contándonos los hábitos y costumbres de los chinos o la filosofía confuciana; de ninguna manera: él tiene una idea fija que es vender carne. Evidentemente, es un presidente con vocación de carnicero.

Otros periplos lo llevaron a diversos puntos del planeta. Alguna cumbre presidencial, la asunción de algún presidente, fueron los motivos de sus desplazamientos por el globo. Aunque es imposible no citar el que realizó allende el Plata para ofrecer sus excusas y mostrar su contrición –certificada por abundantes lágrimas– por el insulto a los argentinos.

Pero es sin duda la metrópolis imperial su destino predilecto. Allí se reúne cada tanto con el emperador para recordarle la idea de una cadena de carnicerías. Incluso otras veces sus febriles gestiones lo han llevado a Florida, concretamente para asistir a la asunción del gobernador, hermano del césar, como para que éste advierta la devoción que profesa por la familia imperial, se conmueva y le firme el permiso para instalar las carnicerías.

El próximo viaje está previsto para el 19 de abril. Para celebrar un nuevo aniversario del desembarco, el presidente se embarca. Hay que reconocer que es ingenioso, pero como homenaje a los Treinta y Tres, no es demasiado solemne. Ahora bien, ¿qué otra cosa podría esperarse en estos tiempos signados por el pragmatismo y por la urgencia de conquistar nuevos mercados?

Presumo que este nuevo desplazamiento obedece al propósito de manifestar personalmente al imperator su desazón por no haber logrado una declaración de apoyo incondicional a la santa cruzada contra uno de los extremos del eje del mal. Es de suponer que se ha provisto de lo necesario para que sus glándulas lacrimales produzcan abundante líquido de modo de convencer al amo de la nobleza y sinceridad de sus sentimientos. Es difícil resistirse a unos buenos lagrimones rodando no por el empedrado sino sobre la moquette de la Casa Blanca, por lo que el césar terminará por comprender la ardua tarea que significó emitir una declaración tan ambigua y abrirá los brazos, indulgente, para estrecharlo emocionado.

Y probablemente, para demostrar lo fantastic que we are, se comprometerá a liderar una condena contra Cuba. Todo sea por la carne.

Ojalá que las cosas le salgan bien, porque hay que ver cómo le erró en los cálculos. Nos prometió varias cosas que no pudo cumplir. Anunció que el suyo sería un gobierno divertido, y resultó una gestión lacrimosa; se comprometió a no agobiarnos con más impuestos, y se vio obligado a multiplicar los tributos; sentenció «al que no le guste la sopa, dos platos», y a gatas nos ofrece una cucharada de bordio indigerible; nos aseguró estabilidad monetaria, y lo único estable es la mishiadura; quizá se refería a eso cuando dijo que nos daría más de lo mismo.

Y todo por culpa de la devaluación brasileña, el crac argentino, la aftosa uruguaya y la implacable oposición antipatriótica. Me vienen a la memoria unos versos de Cadícamo: «la mala suerte le jugó una carta brava/ se le dio vuelta la taba…»

Así que ahora, a cruzar los dedos, a acariciar patas de conejo, a rezar a San Cristóbal y a Iemanjá. Yo, optimista empedernido, estoy seguro de que vuelve de Washington con la buena nueva de que, para celebrar la caída de Bagdad, Bush nos encarga una parrillada completa. *

*Periodista

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