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Cada vez menos en la isla: las cubanas no quieren tener hijos
(In)Fecundidad

Cada vez menos en la isla: las cubanas no quieren tener hijos

Algunas mujeres en Cuba aplazan la maternidad hasta edades muy avanzadas y apenas tienen un hijo, ni siquiera dos como pauta la familia tipo, otras llegan al embarazo demasiado temprano, y tampoco faltan aquellas que deciden no tener descendencia como parte de un proyecto de vida consciente y planificado.

Escrito por: Ivet González

hs Actualizado a las hs

Independientemente de decisiones o embarazos no planificados, especialistas consideran que las bajas tasas de fecundidad de la población cubana responden a tendencias afianzadas en el tiempo, son multicausales y, con variaciones coyunturales mínimas, se mantendrán por debajo del reemplazo poblacional.
“Cuba es el país de transición demográfica más avanzada de América Latina y el Caribe, fundamentalmente a partir de la disminución de sus niveles de fecundidad por debajo del reemplazo, desde hace ya 33 años”, dijo a IPS el especialista Juan Carlos Alfonso, director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información.

Más que políticas de estímulo a la fecundidad, que nunca subirá a los niveles necesarios, Alfonso y otros colegas suyos apuestan a mantener el derecho de la mujer a decidir sobre su descendencia e impulsar programas para afrontar el reto que representa el envejecimiento para este país, que en la actualidad tiene 11,2 millones de habitantes. La transición demográfica, un proceso que se vivió de forma progresiva en Europa y ha tenido un patrón acelerado en países latinoamericanos, como Cuba, identifica al paso de una población con patrones de crecimiento altos a bajos, llegando incluso al decrecimiento en números absolutos y al envejecimiento.

En el caso de esta isla caribeña, Alfonso estimó que, aunque indicadores como el saldo migratorio externo negativo, las bajas tasas de mortalidad y la alta esperanza de vida al nacer influyen en el proceso, “la variable demográfica que más incide en el comportamiento actual y perspectivo de la población de Cuba es la fecundidad”.

Investigaciones del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, realizadas por más de dos décadas, confirma esta hipótesis que responde a patrones de comportamiento que datan de comienzos del siglo XX y, como indicadores de desarrollo, son el reflejo de los avances de la mujer en la sociedad cubana.

Según el Anuario Demográfico de Cuba, la cantidad de nacimientos ascendió a 133.067 en 2011 para una tasa bruta de reproducción de 0,86 hijas por mujer en edad fértil. Aunque algunas provincias del oriente del país reportaron tasas mayores a la nacional, ninguna sobrepasó el nivel de reemplazo poblacional de una hija por mujer.

La mayoría de los partos se concentraron en las edades de 20 a 24 años (111,6 por 1.000 mujeres), para confirmar el patrón nacional de fecundidad temprana, mientras apenas se reportaron nacimientos en aquellas mayores de 39 años (cinco por 1.000 entre 40 y 44 años y 0,3 por 1.000 de 45 en adelante). Como una de las “desarticulaciones” en el proceso, especialistas alertan sobre la fecundidad en la adolescencia, el único grupo poblacional que muestra una tendencia al aumento de los embarazos que terminan en parto.

La fecundidad en menores de 20 años pasó de 44,9 por 1.000 en 2005 a 57,3 por 1.000 en 2011.

“Pasó, ¿qué le voy a hacer?”, comentó a IPS una adolescente de 16 años, vecina de una zona residencial de La Habana, que mantuvo relaciones sexuales sin protección y, cuando se decidió a acudir al médico, era demasiado tarde para acceder al aborto, una práctica legal en la isla desde 1965.

En una historia cercana, pero no igual, otra habanera, de 25 años, decidió seguir adelante con un embarazo no planificado. “La verdad es que confié en las píldoras (anticonceptivas) y no usé preservativo. Ya embarazada y con dos abortos anteriores, decidí seguir adelante”, dijo a IPS esta joven recién graduada de la Universidad de La Habana.

Más allá de las diferencias por edades, la Encuesta Nacional de Fecundidad de 2010 mostró que el comportamiento sobre la descendencia y la planificación familiar no presenta grandes diferencias entre mujeres rurales y urbanas, casadas y unidas, empleadas o trabajadoras en el hogar, universitarias o de menor nivel educativo.

Según el estudio, las mujeres en general identifican las condiciones socioeconómicas -los bajos ingresos, el no tener vivienda propia, problemas con la alimentación y la ausencia de una red de apoyo social- como posibles causas de la baja fecundidad, pero la explicación varía cuando hablan de sí mismas.

En ese caso, las respuestas más comunes son: “Tengo que desarrollar una carrera profesional”, “no he encontrado al hombre que me satisfaga”, “tengo demasiada edad para tener hijos” o “tengo problemas de salud”, entre otras que incluyen también el caso de las que tienen intención de emigrar o a su pareja en el extranjero.

Otra encuesta nacional, realizada en 1987, mostró tendencias similares que se repiten en el tiempo.

“Desde 2006, algo que habíamos pronosticado, la población cubana está descendiendo en términos absolutos. Desde el punto de vista demográfico, lo importante es que hay una estabilidad: la fecundidad crece o decrece un poquito, pero se mantiene estable y con ella trae un descenso de la población y el envejecimiento”, explicó Alfonso.

“Si estás más viejo tienes menos posibilidad de reproducirte y si tienes menos posibilidad de reproducirte, te vas a poner más viejo”, añadió Alfonso. Se trata de “una situación típica de países desarrollados, con altos niveles de desarrollo humano, altos niveles de educación y salud” que no se revierte con la satisfacción de necesidades materiales, recordó.

El gran reto para Cuba, según fuentes especializadas, radica en que estos índices de alto desarrollo humano se dan en las condiciones de un país en vías de serlo, pobre y con serias dificultades económicas, acumuladas por el efecto combinado de errores internos y el bloqueo económico de Estados Unidos, que ya se extiende por cinco décadas. IPS

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