Auditarán todas las industrias del país para que cumplan normas ambientales
Al fin de la auditoría ambiental a una de las empresas acusadas de contaminar en San José, la medida sorprendió a más de uno. Los vecinos venían quejándose desde hace más de un año que Dirox, en Libertad, San José, contaminaba. Hasta el miércoles último, lo discursivo había primado sobre la acción. El esfuerzo constante de los vecinos para que se adoptaran medidas, caía siempre en saco roto.
El apoyo constante de La República, para que se investigara a fondo, alcanzó sin embargo la sensibilidad del novel jerarca. El informe de La República del 24 de enero, pautó el triunfo de la constancia: Dirox debía cesar operaciones hasta contar con un plan de prevención adecuado.
Es en ese marco que Latchinián aparece ante la opinión pública, decidido a llevar adelante un plan global de prevención, algo muchas veces anunciado, pero jamás llevado adelante.
Este primer movimiento en el complejo ajedrez de la protección ambiental del país, el novel director se posiciona como alfil dominante. Habrá que ver de qué modo, quienes contaminan, evitan ser jaqueados.
Una misión ¿imposible?
¿Es posible en medio del caos, o de lo que queda de este país, adelantar, o cuando menos defender, el tema ambiental?
Así lo cree el novel director nacional de Medio Ambiente, cuyo mérito diferencial con los anteriores ocupantes del cargo, es ser más técnico que político, carecer de antecedentes en la actividad pública, y haber tenido una consultora que operó en el país sobre estos temas. El licenciado en Biología, Aramis Latchinián, aunque ha trabajado desde siempre en asuntos ambientales, es la primera vez que se desempeña en la órbita estatal.
Su consultora de gestión ambiental asesoró a distintas empresas, cuando éstas debieron cumplir obligaciones en Uruguay, «y volveré al ámbito privado, si no logro cumplir lo que me he propuesto en la Dinama. A mí nada me atornilla al sillón», afirma.
Un sistema nacional
Latchinián afirma que su meta principal es la consolidación para Uruguay de un sistema de gestión ambiental. «Se trata de herramientas técnicas que se utilizan en diferentes tipos de organizaciones, diferentes ámbitos, para mantener una política ambiental, un compromiso ambiental. Un grupo de compromisos ordenados claros, que se puedan medir, junto a todas las herramientas: proyectos, planes, ordenados, que permitan implantar esa política».
Asegura que el sistema en diseño, se basará en la filosofía de la prevención. «Que la Dinama no sea solamente un órgano fiscalizador, sino que esté en condiciones de prevenir los impactos de futuros emprendimientos». Cambiando la formulación tradicional, asegura que «debe descentralizarse completamente la gestión ambiental. La Dinama debe ser un apoyo, un aporte, un promotor. Pero la gestión debe ser a nivel local, a nivel de las comunidades locales».
Latchinián reconoce que los impedimentos que avizora enfrentar impresionan. «Los recortes presupuestales que tenemos son terribles. Eso nos llevó a la conclusión de que la única alternativa es sistematizar y ordenar muchísimo el trabajo; descentralizarlo».
Reconoce el serio problema de los recortes, pero enfatiza que tan o más serio es el tema de la concepción del asunto.
«El medio ambiente no se puede gestionar desde la Ciudad Vieja. Quien siente, quien conoce su ecosistema y el lugar donde habita, quién sabe cómo manejarlo y gestionarlo es la propia comunidad».
De políticas y realidades
La crisis ha convertido a las ciudades uruguayas en focos poluentes de mayor o menor intensidad, pero todos en crecimiento. Desde los recortes en la recolección de residuos, pasando por plombemias y otras afecciones derivadas de la mala disposición de residuos industriales.
Desde los gases de los escapes de vehículos cuyos motores cada día tienen más quilómetros y menos mantenimiento, sin control alguno, hasta harinas que creíamos blancas e impolutas, cuando en realidad estaban infestadas de hongos. Desde fábricas que incumplen todo respeto ambiental, pero se las deja abiertas porque son las últimas operativas, hasta las aguas «privatizadas», cuya potabilidad se cuestiona. Lo cierto es que en medio del caos económico, hablar de medio ambiente, parece hasta una manera de hacer política «verde», allí donde todos atisbamos un futuro negro.
«La política no debe ser un conjunto de orientaciones generales, que la gente no las recuerde y que las empresas no las puedan adoptar como propias. Algo todo bastante vago», reflexiona Latchinián. «Para mí la política tiene que ser un documento muy concreto y sencillo, dónde uno se obligue de manera clara, y que desde fuera se pueda evaluar si lo que uno se comprometió a hacer lo está haciendo».
Enfatiza en tal sentido que los documentos están prácticamente listos. La Universidad de la República. los ministerios involucrados, las Organizaciones No Gubernamentales, y otras dependencias han elaborado ya ese conjunto de normativas; «algo claro y sencillo que, sin perder contenido fuera de muy fácil acceso para que pueda ser adoptado por cualquier organización. Actualmente en lo que estamos más avanzados es el armar ese sistema que nos permita aplicar esa política: establecer objetivos medibles, mecanismos operativos claros, que nos permitan evaluar todos los posibles impactos ambientales, previamente a que ocurran».
Dineros malgastados
A partir de ese entramado se buscará el andamiaje con las comunidades locales. «Ya nos estamos comunicando, por ejemplo, con las oficinas de medio ambiente de todas las Juntas Departamentales para plantear que deberán ser ellos quienes suministren en forma continuada todas las consultas, cuestionamientos y problemas de esta índole que les lleguen».
La fórmula puede resultar escasamente original, en tanto pareciera que contactar problemas por parte de las Juntas y comunicarlos a la dependencia oficial respectiva, debería ser cuestión de orden.
Pero no lo es.
«Yo hace un mes que llegué a este cargo y encontré que había decenas de pedidos de información del más variado nivel, que iba de vecinos a legisladores, sin respuesta. Queremos solucionar eso y pasar a una etapa de apoyo real, basada en una comunicación fluída».
Reconoce que ello puede haber generado reticencias por parte de los consultantes primero y de un espectro más amplio de la población después, en torno a la eficiencia de cometidos básicos en el ente.
«Si la percepción que existe en la población es que el dinero que gasta la Dinama en la gestión ambiental, está mal gastado, entonces, el dinero está mal gastado», estima el técnico. «Cuando en esta política ambiental planteamos promover las buenas prácticas ambientales, los emprendimientos ambientalmente sostenibles, etc. eso suena como una generalidad. Lo real es que estamos teniendo ahora contactos, todo el tiempo, a todos los niveles, proponiéndoles como desarrollar esas buenas prácticas ambientales, y que eso redunde en sus ingresos, en los beneficios que tienen, en su desarrollo».
Acepta sin embargo que, de momento, no ha sido posible estructurar un sistema operativo eficiente para dar respuesta a las inquietudes de muchos en la materia.
«Cuando llegamos a esta dirección, hace un mes y días, el atraso era tal, que nos dimos cuenta que resultaría imposible dar respuesta a todo lo que tenía respuesta pendiente. En ese sentido avanzamos en identificar los representantes de la comunidad en cada lugar, nos comunicamos con ellos, y estamos armando procedimientos para que entremos de inmediato en contacto con el asunto».
En cuanto a la aparente filosofía «del bombero» que la Dinama parece haber llevado adelant
e hasta el momento -«apagar incendios» cuando se producen hechos vinculados a la ecología, sin advertir el futuro- Latchinián, aceptó la imagen. «Mientras la DINAMA siga corriendo atrás de los grandes conflictos ambientales, detrás de los grandes problemas, sin tener una política de prevención, lo más probable es que la imagen sea siempre mala, lo más probable es que no logremos un desarrollo ambientalmente sostenible: la única posibilidad es planificar el desarrollo ambiental del país», concluyó. *
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