Escrito por: Luis Grene
Aceite para adelgazar y tener pinta en la playa Capurro. Pildoritas al botija que no come y un “elixir” para los veteranos con mujeres muy fogosas. Pomadas para los que se les volaron las chapas y soñaban con tener jopo. De todo, para todos, la solución estaba en la botica. En cada barrio habÃa un boticario y su salón lleno de coloridos frasquitos. Era un señor de lentes metálicos y redonditos, corbata de moña, una túnica muy blanca y con kilos de almidón. Los vecinos lo respetaban, sus consejos eran “palabra santa”. Tremenda “carpeta” en el trato con la gente y terminaba siendo un confidente y amigo. ¡Vamos al Montevideo del ayer! Vengan, queridos lectores cómplices. Todos juntos, a pura pasión y memoria. Ya estamos en los dÃas de aquellas boticas. Un pibe que hacÃa unas guitas, repartiendo los “remedios” por el barrio, miraba las estanterÃas como algo muy misterioso. Frascos y gordos botellones de grueso vidrio, con tapitas de metal y enigmáticas etiquetas. Botellas y tubitos llenos de polvos de colores. En la parte de atrás, la encantada “cocina” del boticario. Una balancita con platillos de resplandeciente metal. Mecheros azules donde ardÃan las mezclas. Fueron dÃas en que los medicamentos elaborados eran muy pocos y los médicos escribÃan la receta para que “la hiciera el boticario”. El cliente esperaba leyendo revistas que hablaban de tónicos alemanes y aceites noruegos “para limpiar la vesÃcula”. El paciente recibÃa un paquetito y la fórmula quedaba en la botica, con un número, en aquel armarito de madera. Por Uruguayana y Olivos, estaba la botica Bella Vista, donde un pibe curioso hacÃa los mandados. Casi llegando a Capurro, estaba la popular Mangino donde nos ayudaron, allá por el treinta, cuando un infame camión casi aplasta nuestros berretines de ciclista. Don Archibaldo Tundisi fue un pionero, cambió el nombre por “farmacéutica” y se instaló frente a la Universidad. Cerca del recién inaugurado Palacio Salvo, el señor Beisso puso la nota permaneciendo abierto de noche. RecibÃa toda la majuga de noctámbulos de El Bajo. En la Unión fue muy querido don Paladino y por Maroñas, el popular ZipitrÃa. El “hongo de terra”, “azufre termado” para los granitos y el “pagliano” para purgarte. De todo, como en botica. Los esperamos sábados y domingos, a las 19, con recuerdos y música, en 1410 AM LIBRE. *
Coordinación: Angel Luis Grene
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