Hoy Juceca

Nueva atracción turística: las tarariras de Minas

Ayer pasé a saludar a mi amigo el Toto Pechuga y lo encontré en el fondito de la casa, tomando mate y empatillando unos anzuelos de pesca. Yo sé que él solía ir a la escollera Sarandí a pescar, así que no me llamó la atención y simplemente le pregunté con tono afirmativo:

–Te vas a pescar algunas corvinas, Toto.

Aquél dejó lo que tenía entre manos, se cebó un mate y me dijo:

–Pero a la escollera no, Flaco, a la escollera no vale la pena porque no sacás ni medio por culpa de los pesqueros de arrastre, porque estos gobiernos, Flaco –siguió diciendo–, dejan que se lleven todo, ya sean los del Fondo Monetario como los del fondo del río, nos arrasan, Flaco, no hay un pejerrey y no hay un mango, y como si fuera poco, se mandan el chiste de hablar de un tres por ciento de aumento a los sueldos públicos, cosa de darle de comer a las fieras del carnaval, porque eso es un cachón, un regalo para la murga, porque es humor negro, o mejor colorado a pintas blancas, porque vos viste cómo son algunos blancos, pura pinta, Flaco.

No quise dejar que siguiera en el tema de la política gubernamental, porque aquál se va calentando de a poco, y cuando uno quiere acordar hierve y salpica.

Antes de que llegara al estado en que levanta presión y revienta el mate contra el limonero, le pregunté si había descubierto algún lugar de pique mejor que la escollera, y me desorientó cuando me dijo:

–Minas.

Te estoy hablando de pesca, no de mujeres.

–Yo te digo Minas, departamento de Lavalleja, ahí tenés tararira.

–Perdoná, Toto, pero Tarariras es en Colonia, o puede ser también en Cerro Largo, pero en Minas no.

–Yo te digo dónde está el gran pique de la tararira, Flaco –y me cantó la de Osiris–, «Tararira, tararira, qué arisca y terca que estás, anzuelo que cae al agua, mojarra que te llevás».

A mí lo primero que me vino a la memoria, la imagen más inmediata que recordé del bello paisaje de Lavalleja, fue la de las sierras de Minas, después el cerro Pan de Azúcar, y pare de contar. Y se lo dije:

–Toto, Minas es lindo para ir a comer alfajores, para subir a las sierras y perderte de noche en el Pan de Azúcar, porque no sé si sabés que en ese cerro se ha perdido mucha gente que no lo conoce, y han tenido que salir baquianos a buscarlos, por los laberintos de la Reserva de Fauna que hay allá, pero lo que nunca escuché es que Minas fuera un buen pesquero. Yo, Toto, disculpame, pero no lo veo.

Entonces el Toto me habló de La Quebrada de los Cuervos, del parador del Cerro Pan de Azúcar donde Walter hace las mejores tortas fritas del país, y después sacó una hoja del diario LA REPUBLICA y me mostró una foto de cinco botijas que habían pescado una tararira de casi siete kilos de peso, en el embalse del arroyo San Francisco, de Minas, que los pibes son del barrio Santos Garrido y fue el alboroto de la zona con semejante pescado.

–¿Y vos te creés, Toto –le dije en broma– que puede haber otra tararira de siete kilos que te esté esperando a vos?

–Mirá, Flaco –me dijo y me dio un mate–, ¡si vos vieras los bagres que me han estado esperando, no te extrañaría que me espere una tararira!

Y como remate de la información, me dijo el final de un verso a la caña, del poeta que dio nombre al barrio de los pibes: «Sólo una cosa le pido: si me encuentra en su campaña, le pague un vaso de caña, al viejo Santos Garrido». ¡Tomá!

Ahora resulta que la tararira no se da en Tarariras en Colonia, ni en Tarariras en Cerro Largo. Se da en Minas. *

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