Tiene la palabra

Sobre conceptos del contador Conrado Hughes

 

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* En uno de los programas conducido por la periodista Sonia Breccia «Hoy por Hoy», el economista C. Hughes realizó una afirmación indignante, temeraria y equivocada, y por medio de la presente tengo la intención de aclarar algunos conceptos por él vertidos y exigir del citado economista una rectificación de sus dichos.

En referencia al tema de los funcionarios de AFE, palabras más palabras menos, dejó deslizar la justificación del pasaje como funcionarios excedentarios de los últimos empleados del ente, porque a su juicio eran funcionarios ingresados durante el proceso cívico-militar y lo fueron por amiguismo con los militares de turno.

Tal afirmación es totalmente indignante, temeraria y equivocada en virtud de que, quien suscribe, en el año 1978, fue funcionario de AFE (seis meses aproximadamente) y mi ingreso se produjo mediante un concurso de oposición con pruebas de matemáticas, contabilidad, idioma español y dactilografía y en el cual participaron más de 5.000 concursantes. Posteriormente y hasta la fecha desempeñó funciones en el BROU, institución a la cual, también ingresé por concurso de oposición y también sin conocimiento, ni mediación de militar alguno.

En una clara reivindicación del ente, recuerdo que el militar interventor (mayor o coronel) de apellido Silveira o Silvera, expresaba que los ferrocarriles eran deficitarios para el Estado, pero que cumplían una función económica y social fundamental en la medida que la gente se movilizaba de un lugar a otro abonando poco dinero y que, además había pueblos como Montes, Migues, Toledo, etc., donde la llegada diaria del tren era todo un acontecimiento.

Ahora bien, al poco tiempo de la llegada de la democracia, el doctor Julio M. Sanguinetti y por decreto, cierra la parte de transporte de pasajeros con la clara intención de favorecer a determinadas empresas de ómnibus que cubrían aquellos lugares donde el legendario tren de pasajeros no llegaría más. Se puede recordar la lista de las empresas beneficiadas: COT (del grupo Peirano), CUT – Corporación (Carminatti Hnos.), CITA (Sánchez Padilla), Expreso Minuano, Nossar, Transporte Núñez – Cynsa, ONDA (Grupo Berro), Agencia Central, Copsa, Sabelín, Turil, etc.

Tampoco hay que olvidar que muchas de estas empresas también invirtieron en la importación de modernas unidades y fueron exoneradas del pago de tributos aduaneros y aranceles. Como mi intención no es debatir sobre esta situación, si fue buena o mala y si favoreció o no a los usuarios, tales valoraciones, de claro contenido político, las dejo libradas a juicio de todos y cada uno de los ciudadanos de nuestro país.

Además, hasta el hartazgo hemos oído que el transporte ferroviario de carga es económicamente positivo para el país porque puede transportar a poco costo: ganado en pie, productos de agricultura, maderas de la forestación, minería, etc…. Entonces me pregunto: ¿Por qué se le quiere dar el golpe final al ente ferroviario? ¿Qué intereses ocultos hay detrás de esta resolución de la coalición de los partidos tradicionales? Quizás el economista C. Hughes pueda justificar tal resolución.

Pero, volviendo al tema que motiva esta nota, sí exijo una rectificación respecto de que todos los empleados de AFE ingresaron por estar en consonancia con el citado proceso cívico militar, porque no fue así.

Quizás el economista C. Hughes le hubiera servido que una consultora (como la que él posee) nos hubiera elegido, de acuerdo a las teorías anglosajonas (con netos criterios subjetivos) de estudios psicolaborales realizadas por psicólogos y economistas, y donde la antigüedad en el cargo, la capacitación y el concurso de oposición (neto criterio objetivo) de nada sirve.

O porque no, que todos tuviéramos arrendamientos de obras como los 1.500 que esta administración posee y cuyo único requisito es tener vinculación con los gobiernos de turno, sin importar si son idóneos para desempeñar esos puestos. Pero le recomiendo al ecónomo Hughes que por mayor información respecto al trabajo y honorarios de la consultora puede recurrirse al sector Bancario Oficial de AEBU y solicite los antecedentes y el trabajo de las consultoras que actuaron para «modernizar» los bancos estatales.

Estimada Sonia, este tipo de reportajes y con este tipo de afirmaciones indignantes, temerarias y equivocadas, tienen un triple efecto: a) hiere la sensibilidad de quienes hemos ingresado a las instituciones del Estado mediante concursos cristalinos y honestos, b) también hieren a nuestros padres, que con muchísimo esfuerzo han pagado los estudios de matemática, contabilidad y dactilografía y c) finalmente esta nueva modalidad de periodismo con «opinólogos» terminan haciendo perder la credibilidad en los programas periodísticos y en los periodistas que apañan a los mismos. Y como es obvio, la actual situación de las diferentes empresas periodísticas no pueden darse estos lujos.

Aprovecho la ocasión para saludar a todo el personal de tan prestigioso diario y de AM 1410 LIBRE, deseándoles un buen año 2003 (los uruguayos nos merecemos algo mucho mejor que la única posibilidad de emigrar).

WALTER CORREA LARROSA – CI 3.457.895-4

Sueños de una adolescente de 16 años

 

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Me desperté a las seis y treinta, abrí la ventana y del día se escapaba el agua como esclavos a la libertad.

Me levanté lentamente, sin interrumpir el silencio que invadía la habitación. todos dormían, hasta los libros que debía estudiar para la clase de química.

Era temprano aún, la lluvia había cesado, aunque todavía estaba esa llovizna fina pero fugaz que impregna el asfalto en segundos.

Salí al balcón, el aire estaba escalofriante, entonces decidí dar un paseo por la rambla.

Tal vez me levanté algo extraña. Tuve un sueño un poco sofocante, de mi cama volaba al más allá, tal vez al infierno, no lo sé.

Era un lugar triste, apagado, solitario, un lugar donde se escuchaba el ruido del silencio y se sentía el peso del dolor.

Tomé un abrigo, con total delicadeza abrí la puerta, bajé las escaleras y comencé a caminar. Al llegar me choqué con el viento abrumador. Fui y me senté en el muelle con mis piernas colgando y mis pies dentro del agua, escarchándoe sin mi piedad.

Pensé millones de cosas a la vez, miré fijamente el horizonte casi indivisible con el mar y contra aquella impertinente llovizna la imaginación remontó vuelo.

¿Qué me habrá llevado a encontrarme en aquel peculiar estado?

En parte la situación de mi gente. La situación de mi país.

Hacía unos días, esperando el colectivo miré algunos periódicos y fue entonces cuando enfrenté la realidad, la asumí, dejé de engañarme.

Acepté que no solamente en otros países andan niños con su estómago vacío, probando suerte por las calles, angelitos inocentes desprotegidos.

Otros que una vez tuvieron un empleo, hoy revisan desechos, buscando comida para sobrevivir.

Aquí también sucede, familias que no pagaron la renta terminan viviendo en alguna casa de cartón, con suerte de chapa, por ahí, marginadas y ajenas a las preocupaciones de los gobernantes que se alteran si al café le faltó azúcar o si alguna protesta les retrasó la llegada al Parlamento.

Alcé la mirada al cielo y maldije en un murmullo las injusticias de este mundo.

Sentí en lo profundo de mi corazón decepc
ionado una mezcla de furia, tristeza, rencor.

¿Pero qué más da? Si las injusticias existieron, existen y existirán siempre. Y uno qué puede hacer ante este enorme monstruo.

En qué iremos a parar, si día a día estamos más materialistas, el poder enferma, hace brotar de lo más profundo del alma ese instinto asesino, destructor.

Ya fueron aquellos tiempos en los que nos quedábamos estupefactos observando la naturaleza, observando los inigualables espacios verdes que por acortar una distancia o alguna otra tontería estamos destruyendo. Hoy no existe el hombre que se detenga un segundo para notar cómo ha llegado la primavera y con ella las golondrinas. Ya no tiene sentido respetar la naturaleza, sentir placer al respirar aire puro o contemplar en silencio un atardecer.

Las brillantes mentes están en extinción, y el resto nos opacamos aun más.

Aunque ya no sé.

¿Cambiaría algo si nos acordáramos de que una vez existió un Lennon o un Gandhi?
No creo, ya que hoy sólo interesa la Internet, la oficina y el buen confort.

No comprendi qué es lo que tanto me sorprende y me asusta. Porque la corrupción, el abuso de poder y todas estas tramas existen desde el comienzo de la historia, ya que a Jesús no lo condenaron por haber dicho ser hijo de Dios. Lo condenaron por haberse revelado contra el poder.

Entonces, ¿qué juego es este?

No será el juego en el que el más frío, el más egoísta, el capaz de todo gana.

Porque si es así, me aterran los resultados.

Sentí una profunda molestia, volví la mirada a mis pies y parecían pedir ayuda heridos entre súplicas deseaban salir del agua.

Observándolos muy detenidamente me pregunté cuál es el significado más exacto de la palabra dolor, si es eso que sentimos cuando padecemos una herida física o lo que nos brota incesablemente de lo profundo del alma como agua de manantial.

Sentí una puntada muy profunda. Un relámpago tenebroso, no muy buena señal en una serena tormenta. He aquí que me choque con mi recuerdo más dulce y asesino a la vez.

Eran un tío abuelo, no muy tío abuelo porque biológicamente nada nos unía. Fue muy importante en mí, a veces creo en que se lo debo todo, ya que gracias a él soy lo que soy, o lo que pretendo algún día ser.

Este, es el episodio dulce pues al pensarlo lo siento a mi lado, a pesar de que un mundo nos separe.

El asesino es como esa bala que sin compasión, atraviesa el corazón del villano.

El tan angelical reposando en un ataúd. Con su rostro recubierto de un delicado tul y doce claveles rojos dispersos por todo su cuerpo.

Ha quedado remarcado en mi memoria, detalle a detalle aquel 10 de agosto del noventa y nueve.

Inmóvil, fijamente miraba al muerto, y en cada mirada le impetraba a gritos que por favor se levantara, aún no era su hora, pues yo mucho lo necesitaba.

Me sentí tan sola, tan perdida y tan llena de culpas. Dicen que murió de un ataque cardíaco pero yo sé que no es así.

Recuerdo que después de lo sucedido me prometí salir adelante, no es fácil pero es lo que él quería y lo que yo necesito.

Muy a lo lejos, se retira un barco, es casi invisible e inevitable su partida. Me pregunto qué llevará, de seguro sea pesquero. Pero prefiero pensar que se marcha cargado de esperanza, de ilusiones. Se marcha a un lugar donde todo es perfecto, sin pobreza, sin injusticias, sin guerras, a un lugar lleno de amor y comprensión donde todos se tienden la mano y abren sus corazones.

Siento pena por él que se aleja con tanta prisa. Pronto regresará, y con una decepción mayor que la mía. Se dará cuenta de que ese lugar aquí en el mundo no existe.

Miré fijamente el horizonte, considero que hay tres formas de clasificar la vida de las personas.

Aquellas afortunadas que caminan hacia él y al llegar divisan otro. Las no tanto, que temen llegar, pues allí acaba su camino. Y las desviadas que desesperadamente buscan el horizonte, pero la opaca visual, les lleva a perder su control y de un tirón se arrancan la vida.

Cuánto tiempo nos podría llevar comprender este mundo. De seguro una eternidad no bastaría. Al menos para nosotros habitantes del tercer mundo. Tal vez los comandantes, los dueños del planeta ya muy clarito lo tienen, esos que tienen todo bajo control y lo más doloroso no nos permiten crecer.

MARTA CAROLINA RODRIGUEZ – CI 4.592.098-2

 

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