CLUBES DE TRUEQUE ARGENTINOS EN CRISIS TOTAL; URUGUAY AUN A SALVO

Buscan frenar expansión del trueque en el país para evitar caos como en Argentina

Con más de cien clubes en la actualidad, el trueque creció más que ninguna otra modalidad económica en Uruguay en los últimos tiempos. Sin embargo, la crisis en Argentina, con cierres masivos de ferias de trueque, atemoriza a la plaza compatriota, que espera evitar los «males del crecimiento», como llaman nuestros vecinos a la crisis que les llevó a cerrar ya hasta el 40 por ciento de los clubes.

Cuando en el año 2000 aparecían los primeros clubes de trueque en Uruguay, el país era otro. Las posibilidades de desarrollo del sistema aparecían más como una curiosidad del derrumbe argentino que como una certidumbre en este lado del Plata. Sin embargo, el ahondamiento de la crisis alentó al nuevo sistema en nuestro medio. Primero en Montevideo, después en Canelones, y acabó extendiéndose a prácticamente todas las capitales departamentales y a otras localidades menores. Su inserción social, favorecida por la falta de circulante, el aumento de la desocupación, la urgencia de obtener productos y servicios imprescindibles, culminó en su apogeo con el «corralito» uruguayo y el inmediato acorralamiento por parte de los uruguayos de cuanta fuga de dinero hogareño existiera.

El respaldo de la Iglesia en su acción social, el acceso a la radiotelefonía («El Club del Trueque», domingos a las 18 horas en 1410 AM LIBRE) y la consecuente repercusión en la prensa hicieron el resto.

En la actualidad el trueque cuenta con más de cien clubes (sus asociados les llaman «nodos») en todo el país, sesenta de los cuales están en la capital.

Dentro de sus características particulares (véase recuadro) el sistema funciona, pero actualmente sus «fundadores» buscan por todos los medios evitar que ocurran «problemas de crecimiento» como los que se desataron en Argentina: el número de asociados bonaerenses disminuyó de un millón a 500 mil en cuatro meses.

Un ejemplo a evitar

Adelantados en la materia, los argentinos incluso fueron creadores de la Red Global de Trueque, una entidad que busca consolidar todos los clubes de la región y extenderse aún más allá. Con la expansión de los clubes, no obstante, un riesgo aumentó: el de la falsificación de «créditos». Estos documentos expedidos a efectos de compensar las diferencias de un producto o servicio respecto de otro en el acto del trueque consistieron en primer instancia en un simple papel sin más que un sello. Pero su valor convertible en productos o servicios, en lugares alejados del lugar donde se emitía, facilitó la acción de inescrupulosos. La falsificación llegó a alcanzar el 90 por ciento del circulante. Además de la falta de confianza que causó, la inyección externa de créditos trajo aparejada una «hiperinflación» que elevó los precios hasta cuarenta veces. La inflación se sintió sobre todo en los artículos de primera necesidad: un litro de aceite que costaba 7 créditos (equivalente a siete pesos argentinos) llegó a costar 300.

Los créditos falsos hicieron que se debiera recrear la moneda con un papel diferente y con medidas de seguridad que lo hicieran menos violable. Desde hace un mes en Argentina se cambian los viejos créditos por los nuevos.

El «boom» argentino tuvo también otros vicios del mercado monetario: la venta de créditos por dinero –expresamente prohibida– empezó a tener lugar. Los prosumidores (productores y consumidores al mismo tiempo) dejaron de ser todos los miembros del sistema y aparecieron los especuladores que compraban créditos a menor valor del nominal.

El espíritu original de humanizar la economía, basada en la hipótesis de que el dinero formal no es imprescindible para sobrevivir, cayó debido al propio desarrollo de la idea. Durante meses, en Buenos Aires principalmente se abrieron clubes de trueque a tal velocidad que hasta se afirma que hubo sabotajes de la economía formal para evitar que el fenómeno cundiera. Muchos abrieron nodos al igual que un comercio, buscando aventar la crisis, pero alejados del espíritu de intercambio y más bien con el propósito de lucrar dentro del trueque. También existió la confusión entre solidaridad y asistencialismo, algo que los clubes estaban lejos de poder brindar. Finalmente, el desabastecimiento de los productos básicos se hizo sentir de tal manera que el cierre pasó de ser algo puntual a generalizarse.

Argentina analiza ahora sus clubes de trueque con una premisa básica: «Con los prosumidores todo, sin los prosumidores nada». Es decir, quien troca debe producir y consumir; la red debe ser solamente para quienes produzcan cualquier bien o servicio y lo cambien por otro disponible. Pero se debe evitar a toda costa que los créditos se conviertan en una nueva forma de moneda factible de especulación.

La realidad uruguaya

Para Alvaro Antoniello, uno de los fundadores de la red de trueque en Uruguay, «la situación está aún a salvo de situaciones como las que se viven en Argentina. Esto de debe a que la expansión, aunque grande para Uruguay, es cuantitativamente mucho más controlable que entre nuestros vecinos: acá de un modo u otro nos conocemos casi todos, y las noticias corren mucho más rápido».

Enfatiza en tal sentido que si bien cien clubes de trueque son muchos en todo el país, cualquier irregularidad es atendida de inmediato y solucionada del mejor modo posible antes que el problema se expanda. El cuidado de que sean solamente prosumidores quienes operen en el sistema es prioridad absoluta. Recientemente se han cambiado también todos los créditos por otros de diseño más seguro, en una anticipación a la eventualidad de falsificaciones o similares. «Aunque parezca mentira, lo que intentamos es mantener el mercado del trueque chico en nuestro país. Lo que queremos es que haya la menor emisión de créditos posible: eso disminuye riesgos y evita especulaciones, generadas a veces en la acumulación de créditos», explica Antoniello.

Descarta que en nuestro medio se hayan producido fenómenos de venta de créditos como en Argentina. «Hay que hacer diferencias claras cuando se habla de Argentina; casi todo lo negativo ocurrió en Buenos Aires. En las provincias los clubes aumentaron sin esta crisis y aún sus créditos son confiables», aclaró.

Sin embargo, los nodos uruguayos debieron absorber dosis de una medicina a la que de algún modo enfrentaban: la ciencia de la economía, para evitar las enfermedades de la expansión. Así, mediante el trueque se ha conseguido el concurso de contadores y economistas que administran y llevan la contabilidad de buena parte de los clubes y, aunque hay varias redes de trueque, los problemas han sido zanjados técnicamente sin llegar al abismo.

«En Uruguay el trueque goza de buena salud», es la conclusión de quienes apuestan a evitar lo que desde hace años ocurre en Uruguay en prácticamente todos los ámbitos: que nuestro vecinos estornuden y nosotros nos resfriemos. *

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