Manual para la crisis
Cuáles fueron los objetivos trazados a la hora de escribir El lado profundo de la vida?
–Es un libro que apunta, fundamentalmente, a ser un mapa de ruta, un manual de ayuda para enfrentar y superar las crisis personales. La diferencia fundamental entre una crisis y un problema es que la crisis requiere una solución urgente de la situación. Y, justamente, cuando más urgente es la situación, menos instrumentos tenemos porque estamos impactados por la magnitud de la crisis. En primer lugar, esto requiere un diálogo interno, un reconocimiento de que estamos frente a una situación crítica, lo que nos lleva a la imperiosa necesidad del cambio. Cuando estamos frente a una situación de conflicto, sentimos que tenemos algo que cambiar, pero no sabemos exactamente qué, lo que requiere que hablemos con nosotros mismos para ver cuáles son las cosas que necesitamos para sentirnos bien.
–El diálogo interno al que usted hace referencia en la primera sección del libro.
–Exacto; se trata de reconocer, aunque nos cueste, que estamos frente a una situación de conflicto que no podemos resolver con los mismos parámetros que veníamos manejándonos antes. La segunda sección trata de cómo empezar. Es como si hubiéramos llegado a un precipicio y, antes de caernos, tenemos que instrumentar una vía de salida. La forma fundamental de empezar es fijándose metas, objetivos reales, que sean creíbles y cumplibles, para empezar a transitar por un camino nuevo con un pensamiento fresco.
–El fijarse metas u objetivos a corto plazo es parte del pensamiento positivo.
–Sí, pero no lo es todo. No soy partidario de que sólo el pensamiento positivo resuelve las cosas. Pero cuando uno hurga en el interior de uno mismo encuentra una cantidad de capacidades y potencialidades que han permanecido ocultas durante gran parte de la vida. Justamente, en estos momentos de crisis, es cuando los podemos sacar a la luz y utilizarlos en nuestro favor. La tercera parte apunta hacia la excelencia a través del crecimiento personal. Esto significa que la excelencia podemos adoptarla como un estilo de vida. No solamente la excelencia entendida y aplicada a un producto o servicio, sino también a una forma de vivir.
Enfrentar los miedos
–¿Se puede salir de una situación de conflicto por sí solo o se necesita de la ayuda de un especialista médico?
–Creo que hay dos etapas. La primera es, necesariamente, unipersonal, ya que es la etapa del sinceramiento interior. En distintos momentos de la vida, y esto no tiene que ver con la edad cronológica del ser humano, necesariamente nos enfrentamos a situaciones de balance. Empezamos a evaluar cómo ha sido la vida hasta ese momento y, fundamentalmente, qué es lo que esperamos para el futuro inmediato y a largo plazo. Esta etapa generalmente se puede transitar solo, salvo que el ser humano se encuentre con vallas que uno se autoimpone y que no nos permiten llegar a nuestra profundidad. En ese caso es necesario pedir ayuda, que no requiere de una persona específica. No tiene porqué ser un médico o un psicólogo; puede ser cualquier persona que nos merezca ascendencia y de la cual creamos que podemos obtener una orientación o un consejo. Los cambios, en última instancia, los hace cada uno de nosotros. Podemos obtener una gran cantidad de información pero, por sobre toda las cosas, el momento del cambio es como una puerta que se abre solamente desde adentro. Es decir, en la intimidad, con nosotros mismos. Primero hay que investigar cuál es nuestra intención, luego tomar una decisión y después pasar a la etapa más difícil que es la acción.
–¿Lo definiría como un libro de autoayuda?
–Podría definirse dentro de ese género pero tiene una característica que me gustaría resaltar y es que es un libro uruguayo. Está basado en nuestra realidad en la que vivimos cada uno de nosotros y en la situación difícil en la que nos encontramos en estos tiempos. Por lo tanto, creo que sirve no solamente como un manual para la crisis, sino también para ejercer una prevención. Que sepamos que es determinado momento, frente a los conflictos que necesariamente nos vamos a encontrar a lo largo de la vida, tengamos un instrumento válido para poner en práctica.
Ciencia y conciencia
–Se lo pregunto porque, a primera vista, resulta paradójico que un hombre de ciencia como usted escriba sobre esta temática. A propósito, ¿qué piensan sus colegas al respecto?
–(Sonríe) Más allá de la tecnología y la especialización, por debajo de cada túnica blanca, en este caso la medicina, existe un ser humano. Por lo tanto, mal podría uno ejercer la cardiología, o cualquier otra especialidad, si no nos acercamos a ese ser humano que existe en cada de uno de los pacientes que vienen en busca de nuestra ayuda. Con respecto a los colegas, creo que hubo un proceso que, en un primer momento, fue de sorpresa. En definitiva, la cardiología es una especialidad muy concreta, muy esquemática. Entiendo que hoy en día la medicina enfrenta una situación en la cual todos los médicos deberíamos unirnos ofreciendo nuestra capacitación para poder acortar el período de recuperación. Lo que quiero decir es que la complejidad de los fenómenos que hoy aquejan al ser humano no permiten que uno pueda utilizar una sola técnica para la recuperación. En los últimos años, he podido conseguir en mi ejercicio personal muchos más éxitos terapéuticos hablando con el paciente que recetando medicamentos. Esto significa que en la era de las comunicaciones, la incomunicación humana es cada vez mayor. Podemos comunicarnos a través de Internet en forma instantánea con cualquier parte del mundo, pero muchas veces somos incapaces de poder comunicar con un semejante que está a cincuenta centímetros nuestro. Creo que los colegas finalmente han entendido que no hay incompatibilidad entre estas dos actividades. También me parece que hay determinados principios básicos del ejercicio práctico de la profesión médica que jamás deben ser abandonados.
–¿Por ejemplo?
–Siempre que un paciente viene al consultorio es fundamental en primer lugar detectar que no tenga una enfermedad maligna. No atribuir al campo emocional todas las cosas que le pasan al ser humano. En eso soy absolutamente ortodoxo, exhaustivo en la búsqueda de alguna causa que pueda explicar la dolencia que tiene la persona. Si tenemos todas las pruebas que demuestran que esa persona no tiene ninguna alteración orgánica entonces ahí buscamos otros caminos alternativos. *
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