Uruguayos for export
Desocupados, ocupados y subocupados de lunes a viernes hacen colas maratónicas en Libertad y Avenida Brasil, en el consulado español. Los atuendos de las personas que preguntan por todo lo referido a la ciudadanía o a las visas que otorga España son de lo más variopinto. Obreros de la construcción al lado de un matrimonio de clase media con sus niños hacen la fila y junto al cordón estacionan taxis, Mercedes Benz y motos, de otros que también van en busca de esos documentos. Gente de los más diversos estratos sociales se dan cita frente al consulado que parece una oficina pública uruguaya, excepto por las banderas españolas que adornan los escritorios y la prolijidad que presenta la delegación.
Normalmente esta sede atiende entre 300 y 350 consultas diarias. Pero el viernes pasado, después del bombardeo mediático que precedió a la entrada en vigor de varias modificaciones en el Código Civil español, el consulado se vio desbordado cuando más de dos mil personas consultaron por la nueva ley que entró en vigencia el jueves 9.
Luis Ignacio Boné, cónsul general de España en Uruguay, en entrevista con LA REPUBLICA, aseguró que «el número total de visas para ir a España entregadas el año pasado es 1.333″. Por otro lado se tramitaron 2.300 documentos para personas que ya tenían la ciudadanía española y el pasaporte español. Cifras aportadas por Boné indican que doce mil uruguayos entre enero y setiembre de 2002 pasaron por aeropuertos españoles. El representante consular dijo: «El número exacto de uruguayos que han ido a residir a España en 2002 no lo sabemos».
Nuevo Código
En torno a la modificación del articulado del Código Civil español, el cónsul expresó que los beneficiados son los hijos de españoles que pueden tramitar la ciudadanía en forma directa. Los nietos de españoles generalmente deben residir legalmente en la península ibérica durante un año para tener derecho al documento.
El consulado en Montevideo aumentó su número de funcionarios y «vendrán más si es necesario», dijo el representante español. Boné confirmó que está en los planes la llegada de otro cónsul a Montevideo para ayudarlo en sus tareas.
Las autoridades diplomáticas consideran mudar el consulado a un lugar más amplio para brindar una mejor atención, idea que se afianzó cuando el viernes se acercaron a esa sede unas dos mil personas y ayer lo hicieron otras mil para tramitar su ciudadanía.
Testimonios
LA REPUBLICA conversó con algunas de las personas que salían de la embajada española para conocer sus perspectivas.
María Luisa es médica, tiene 32 años, se va del país para especializarse en Anatomía Patológica pero piensa regresar: «Es una oportunidad, es trabajar en un país desarrollado, en hospitales que están bien. Se puede hacer acá, pero allá me pagan 600 euros por mes».
Hugo, de 46 años, trabajaba en una cervecera hasta que fue enviado al seguro de paro y ahora está desocupado. Comentó: «Estoy en las primeras averiguaciones. El trabajo lo buscamos por familiares que están en España, ellos me han comunicado que hay trabajo, el tema es que te hagan el contrato por un año. Las perspectivas son trabajar en lo que encuentre, no hay que ser muy exigente».
Manuel tiene 67 años, 50 de uruguayo, él emigró de España y ahora viene por los papeles de su única hija que se casó y se va para el norte. «A nosotros nos gustaría que se quede», dice este señor, pero recuerda lo que le dijeron antes de su partida: «Mi padre decía: no obligo a nadie a que se vaya pero tampoco a que se quede».
Juan es una de las caras más jóvenes que rondaban la embajada, tiene 30 años y fue tres veces a España, siempre a trabajar. Este año se propuso terminar sociología, pero al ver el caos imperante en Uruguay decidió ir a Ibiza a trabajar en un hotel. «Una diferencia es lo económico, los ingresos, como nos gustaría a nosotros vivir. Si tenés ganas de ir a tomar una cerveza o comer fuera de tu casa lo podés hacer todos los días», dice el joven.
Andrea, de 29 años, es argentina. Vino de la vecina orilla junto a su compañero, Gabriel, de 37 años, que es uruguayo y peluquero. Estaban en la embajada para sacar su pasaporte español. Andrea expresó: «En principio Gabriel quiere tener los papeles para poder irse tranquilamente. Si a él le sale nos casamos».
Otro caso es el de Patricia que tiene 37 años y en marzo se va a España con sus hijas y esposo. Allá la espera su hermana y sus padres. «Mi hermana fue y encontró trabajo en Barcelona en un mes. En un mes alquilaron un departamento y viven bien, como se debe vivir, sin preocupaciones económicas. Vendo la casa y me voy», dijo resueltamente. *
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