Turbonada afectó zona rural de Paysandú

Por tercera vez en un lapso de tres meses, una amplia franja del noroeste del departamento fue devastada por una turbonada, acompañada de intensas granizadas, con el saldo de cientos de productores y familias de áreas rurales afectadas, entre viviendas, instalaciones, cultivos y ganado afectados por el meteoro, además de apagones por destrozos en columnas y red eléctrica.

De acuerdo con la información recogida por el diario El Telégrafo, todo se registró sobre la 1.30 de la víspera. Durante un período de no más de diez minutos se abatieron sobre una franja de unos diez kilómetros de ancho vientos de una intensidad promedio de 80 kilómetros por hora, con ráfagas de hasta 100 km/h, desde el sector suroeste, en un corredor que se extendió desde la provincia argentina de Entre Ríos, cruzando el río al norte de Quebracho a través de áreas como colonia Guaviyú, Arroyo Malo, Colonia Ros de Oger, Saladero Guaviyú, Chapicuy y colonias cercanas.

Otro corredor en el que también se manifestaron intensamente el viento y la pedrea fue el extremo este del departamento, con eje en la localidad de Tambores, en cuya Junta Local todavía se está recogiendo información complementaria sobre la magnitud de los daños. La zona noroeste del departamento fue recorrida por el intendente interino Bertil Bentos y el director de Interior, Humberto Sconamiglio.

A los severos daños materiales en establecimientos y viviendas –que felizmente no arrojaron desgracias personales– se agregaron en este caso pérdidas totales en cultivos de verano como girasol, sorgo y maíz, además de olivos y cítricos, en tanto las consecuencias se hicieron sentir asimismo en plantaciones de melón y sandía cercanas a Chapicuy. En la zona eminentemente agrícola del norte de Quebracho, incluyendo colonias del Instituto Nacional de Colonización (INC), la piedra y el viento diezmaron las plantaciones de girasol, que presentaban muy buen estado. Lo mismo ocurrió con el sorgo, en tanto cientos de colmenas de apicultores del área se perdieron como consecuencia de los efectos del meteoro.

En esta ocasión las lluvias no fueron significativas, pero la piedra, de tamaño regular, fue acompañada del fuerte viento que intensificó su poder destructivo, al punto que los cultivos fueron literalmente molidos o cayeron al suelo.

En esta oportunidad no se salvó, como en la anterior, la escuela Nº 74, cuyo techo fue arrancado por el viento. *

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