Buenos Aires sufre el mayor deterioro social de su historia
Buenos Aires sufrió «el más importante deterioro de su historia y la más profunda caída comparada incluso con la media de deterioro promedio del territorio nacional», concluye un análisis de la consultora privada Equis, con base en datos del estatal Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
El informe de la consultora, que dirige Artemio López, asegura que la brecha entre ricos y pobres se multiplicó por cuatro en la llamada Reina del Plata entre 1992 y 2002, mientras los índices de desocupación y pobreza se triplicaron.
Según el estudio publicado el lunes por el diario La Nación, a comienzos de los noventa sólo uno de cada diez habitantes de la capital argentina tenía problemas de empleo y apenas ocho de cada cien caían por sus exiguos ingresos en la categoría de pobres. En la actualidad, son tres de cada diez los habitantes económicamente activos de esta ciudad de casi tres millones de habitantes que carecen de trabajo o están subempleados, y veinte de cada cien no tienen ingresos suficientes para los consumos básicos.
En 1992, en tanto, el décimo más rico de la población porteña ganaba cuarenta veces más que el décimo más desfavorecido. Hoy la capa más rica obtiene ingresos 178 veces mayores que los del segmento más pobre.
Argentina en general y Buenos Aires en particular exhibieron desde mediados del siglo XX un grado de equidad social que contrastaba con el panorama latinoamericano, la región más desigual del mundo.
En 1974, en la capital argentina el décimo más rico de la población recibía el equivalente a 17,9 veces el ingreso del décimo más pobre, que obtenía 2,1 por ciento de los ingresos totales, participación que bajó a 1,2 por ciento en 1990 y a apenas 0,3 por ciento en el comienzo del siglo XXI. En el mismo lapso, en un proceso de fuerte concentración, el décimo más elevado pasó de 37,5 por ciento del total, a 47 por ciento en 1990 y a 53,6 por ciento en la actualidad. La desocupación abierta, que en 1992 afectaba a 5 por ciento de la población activa, trepó a 16,3 por ciento en mayo de 2002, aunque retrocedió a 13,5 por ciento en octubre último por efecto de masivos planes de subsidios de 150 pesos (45 dólares) otorgados a jefes de familia desempleados.
Las zonas de viviendas precarias de la ciudad, que aquí se denominan villas de emergencia, albergaban a poco más de 50.000 habitantes en 1992, 1,7 por ciento de la población, mientras que diez años después cobijan malamente a 145.000 personas, 5,2 por ciento de los porteños, muchos de los cuales emigraron a zonas periféricas.
Pese a semejante deterioro, los indicadores porteños siguen siendo los mejores en comparación con los demás distritos de este empobrecido y endeudado país sudamericano, pero su declinación en los últimos diez años ha sido más pronunciada que la media nacional.
A escala nacional, ya son 21 de los 36 millones de argentinos los que viven por debajo de la línea de pobreza, determinada por los ingresos necesarios para solventar consumos básicos que para un matrimonio con dos hijos fueron calculados en 700 pesos (205 dólares). El dato, obtenido por el diaro Clarín este domingo con base en encuestas del Indec, significa que en el último semestre se sumaron casi dos millones de nuevos pobres al cuadro social de emergencia que caracteriza al país.
Los alimentos básicos aumentaron 28,3 por ciento en el segundo semestre de 2002 y 72 por ciento en los últimos doce meses, mientras los ingresos salariales están casi congelados.
Las estadísticas certifican así una realidad apreciable en las calles, especialmente desde la eclosión de la crisis socioeconómica, a fines de 2001, cuando miles de personas se vieron impelidas a revolver basura para obtener alimentos diarios o a recoger desechos para reciclar y obtener un precario sustento.
La emergencia social, que estimuló la multiplicación de comedores y otras iniciativas comunitarias y forzó al gobierno a distribuir masivos subsidios, se registra paradójicamente cuando Argentina, y sobre todo su capital, recibe más que nunca visitantes extranjeros atraídos por su fama cosmopolita y un tipo de cambio favorable. (AFP) *
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