Los Reyes
De entrada, bruto viandazo. Suben los combustibles y andá llevando. Con aire sobrador y cajetilla, te explican el aumento con palabrejas y ¡andá a cantarle a Gardel! Tragamos saliva y n soñar con aflojar. Y tenemos confianza en las magias chiquitas que, a pesar del bajón, logran que los pibes tengan su Noche de Reyes. Vamos todos al Montevideo del ayer. A vichar cómo llegaban los Magos de Oriente a los barrios y sus antiguos vecinos. Había más inocencia, todo se hacía en «puntitas de pie». El que tenía mangos se daba una vuelta por Introzzi o el London París. En la sección juguetes, el ventilador del techo daba una tenue brisa. Allí estaban los padres conversando con un empleado de chalequito y corbatín. Según el bolsillo se cumplían los pedidos de «la cartita». Si no había plata y estabas galgueando, había que agarrar para Tristán Narvaja y el puente donde, por unos vintenes, se compraban lindazos juguetes de madera. Por esta fecha las carpinterías de la zona, llenaban sus estantes de rompecabezas, bolos y unos carritos para que los Reyes no quedaran en la vía. Esa noche, andaban hasta muy tarde entregando los pedidos, las amarillas cachilas del London o las pituconas camionetas del Bazar Mitre y el Colón. Nunca paraban en la puerta, cosa que el botija no se avivara y todo se hacía a la sordina. Los pibes se habían acostado temprano y por única vez no había que obligarlos para que largaran la guinda del esquinero potrero. Pasto, una latita con agua al lado de los zapatitos y al sobre. En la mañana, flor de jolgorio. Una caja con soldaditos de plomo, patines para la pista del Parque Capurro y una muñeca de porcelana para la hermanita que abría los ojos bien grandotes. Un niño sale corriendo para la vereda y al costado del árbol, brillan con el sol las coloridas bolitas y bochones de vidrio.
Entre los jazmines y la parra, apareció una roja hamaca que se mueve incesante y aún lo sigue haciendo en el laberinto de la memoria. Por estos días el «Medio Mundo» se conmovía con los repiques en honor a San Baltazar. Por la calle Sierra, casi Paysandú, en el conventillo de mitad de cuadra se armaba flor de bailongo en la tarde del 6 de enero. Una mágica noche donde los sueños se volvieron realidad. A pedir todos juntos que «los que te dije» aflojen la mano. En una de esas se cumple y a los señores Reyes ¡salud! Los esperamos sábados y domingos, a las 19, en 1410 AM LIBRE. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad