Luchando contra la mafia
A comienzos de 2002, a Alicia Barbani el apellido Peirano, apenas le alcanzaba a llenar una neurona de memoria: algo vagamente infantil, o con actualizadas referencias a fortunas patricias.
Casada, con un hijo en la Facultad de Derecho y otra liceal, el ejercicio liberal de su profesión, la escribanía, y su grado II como docente en la Universidad de la República, le insumían la vida. De origen humilde, sus padres, aunque jamás pudieron ahorrar le habían inculcado, como a su hermano, la cultura del ahorro.
«Ahorraba para cuando mi hija entrara a la Universidad, para cuando alguno se casara, para una viaje con mi marido. Lo había ganado con mi trabajo exclusivamente», recuerda.
Ahorrista en el Banco de Montevideo, el 24 de junio le cayó encima.
«Al principio asistía a las reuniones de ahorristas, pero veía que ahí, algunos profesionales lo que querían era lucrar con los futuros juicios. Así que empecé a meter pechera. Y la gente decía: que suba la escribana, que suba la escribana. Yo no quería subir ni bajar de ningún lado: no era cuestión de subir o bajar. La luché a pulmón y chau», habla a velocidad vertiginosa, pero sin inflexiones ni dudas.
«En solamente un mes, durante julio, cientos de ahorristas del Banco de Montevideo, nos encontrábamos, nos entendíamos. Empezábamos a organizar en que puertas golpear».
Cuando los escraches a los domicilios de los Peirano, y del ministro Cáceres anfitrión de los Peirano; a las protestas ante la Jefatura de Policía pidiendo el traslado de los procesados a un Penal; en toda ocasión, Barbani estaba en la primera línea. Las cámaras de televisión la catapultaron, sus dichos sentenciosos y sus acciones ante la Justicia la dieron prensa, y las radios, difundieron su voz nasal, de dicción y velocidad fantásticas.
«La gente me para en la calle, me abraza, me agradece. Y yo pienso: me están haciendo a mí, lo que deberían de hacerle al Presidente de la República. A mí que sólo me ayudé, ayudando a otros, me homenajean, y al Presidente si lo vieran en la calle… Además nadie me quita el orgullo de haber luchado gratuitamente, por lo que está bien. Para que se haga Justicia. Más allá de dolores y zozobras, en crisis como estas es cuando más debemos reforzarnos unos a otros.
A los ahorristas que no teman: vamos a vencer, vamos a recuperar el dinero, aunque sea lo último que yo haga en esta vida. Porque la verdad está de nuestro lado». *
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