El sindicato que se la juega siempre
Cuando el Sindicato Unico de la Construcción (Sunca) acordó con las patronales el convenio colectivo de 1993, tras una de las huelgas más extensas del sector que se recuerda en el país, una de las reivindicaciones fue el Fondo Social de la Construcción.
Constituido a partir del aporte del 1 por mil de los salarios de los trabajadores y de otro tanto a cargo de las empresas constructoras, el Fondo está dirigido por representantes del gremio, de la Cámara y de la Liga de la Construcción y de la Asociación de Promotores Privados.
Cuarenta y cinco mil aportantes, llegó a tener el Fondo, lo que, junto a lo integrado por la patronal consolidó una masa de dinero importante.
En principio el Fondo tenía cuatro objetivos básicos: la salud de los trabajadores y sus familias, el recreo vacacional, el deporte y la educación. Alcanzando logros fuertes para el gremio, se alcanzaron incluso convenios odontológicos para las familias de los obreros de la construcción, materiales escolares para sus hijos y becas de computación.
Pero la crisis se abatió sobre el país. De los casi 70.000 aportantes al Banco de Previsión Social que había en 1994, la cifra había caído a 17.000 a comienzos de 2002; otros 17.000 trabajaban, pero no aportaban. Si el cálculo se hiciera hoy, los aportantes apenas si alcanzarían a 15.000, estima el Sunca.
«Cuando la crisis estalló el invierno pasado, nos dimos cuenta que había que apoyar a todos los compañeros, a los que aportaban, pero también a los que habían dejado de poder hacerlo. Además lo que necesitaban no era nada sustituíble: era comida», recuerda Pedro Porley, presidente del Sunca.
Allí comenzó la urgente distribución de canastas con 15 quilos de alimentos, para acceder a las cuales se formaron largas colas en pleno centro montevideano, lo que fue recogido uno y otro día por la prensa. Se hicieron tres giras por todos los departamentos y se distribuyeron miles de canastas más, sobre un total de 47 localidades.
«Exactamente se distribuyeron 29.046 canastas. En Montevideo fueron 17.244, el resto en 47 localidades de los demás 18 departamentos», asegura Porley.
La solidaridad indiferenciada entre quienes aún trabajaban y aportaban, y quienes no, fue el diferencial de la manifestación masiva.
También lo es hoy otra realidad cada día más difícil de asumir, precisamente por la falta de aportantes: el Sunca sostiene directamente 11 ollas populares dentro y fuera de Montevideo. Además sus afiliados están trabajando en decenas de otras ollas.
Aunque coinciden en señalar que no esperan grandes mejoras en el empleo para el año entrante, Pedro Porley puntualiza que esto en absoluto disminuirá el esfuerzo común.
«Estamos pensando en 20.000 niños, hijos de la gente de la construcción a quienes vamos a dar todo lo necesario para que empiecen la escuela el año próximo», señala.
Finalmente y a modo de corolario de 2002, cabe recordar que el Sunca fue quien puso la mano de obra gratuita, para la reparación de decenas de casas en Montes y Migues, azotadas por un tornado, y que, con aportes de AEBU y el Ministerio de Vivienda, volvieron al trabajo solidario en 200 casas más, cuando Canelones sufrió un segundo ciclón. *
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