Fuerza de acero contra el plomo
A Carlos Pilo, el que se lo separe de Milka Pereira, a la hora de fotografiar a alguien para representar la lucha vecinal por los casos de plombemia, le parece infame. Acepta a regañadientes, aún cuando considera que lo de otros, ha sido tan o más valioso que lo propio. Sin embargo, algo lo distingue: estuvo desde el comienzo en la primera línea, aunque no ha tenido familiar alguno afectado por la plombemia.
La lucha en favor de los contaminados por plomo concluyó con un rotundo triunfo, al haber colocado la Justicia al Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente en el banquillo de los acusados. Eso, incluso después que figuras ilustres del gobierno, aseguraran que el tema de la plombemia había sido exagerado, con motivaciones políticas. El triunfo no es considerado sin embargo un éxito: a la fecha en concreto ninguna fuente técnica puede asegurar las causas concretas de las intoxicaciones sanguíneas por plomo, así como tampoco cuántos niños exactamente están afectados, o cuántos hay en riesgo de enfermar, por esta causa.
Pilo, estuvo en la primera asamblea, en el centro comunal 14 de La Teja, cuando LA REPUBLICA publicaba en exclusiva una crónica del periodista Nelson Díaz: dos niños de 6 y 2 años presentaban en sus muestras de sangre, plomo en doble concentración al máximo fuera de riesgo, según la Organización Mundial de la Salud.
El compromiso inmediato de los vecinos, tuvo de algún modo su epicentro en este hombre de años, que se ganaba la vida vendiendo leña en su camión.
En días el fenómeno de La Teja, era detectado también en Capurro, en Pueblo Victoria, en Canelones, hasta en Rosario, departamento de Colonia. De dos niños se pasó a centenares.
Contrariamente a todos los esfuerzos oficiales por ocultar datos y bifurcar la información, los vecinos, Pilo y Pereira, en toda ocasión buscaron llevar la instancia a sus últimas consecuencias. Y aunque el éxito será para ellos el día en que se determine concretamente que causa el «saturnismo», por exceso de plomo en tantas zonas del país; cuando ningún niño tenga síntoma alguno, hasta ese entonces, seguirán, siguen, golpeando puertas para que nadie olvide que, además de derechos indispensables, los vecinos tienen el absoluto e imprescindible derecho de vivir en un ambiente libre de contaminación. *
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