400 obras sociales sólo en Montevideo

Cuando el sacerdote Jorge Techera debió asumir la Vicaría de la Solidaridad, una creación del Arzobispo Nicolás Cotugno dentro del Plan Pastoral 2001, la idea bien pudo resultarle atractiva. Lo sigue siendo, pero jamás pensó que la expansión de esta entidad -que nuclea la ayuda de la Iglesia Católica capitalina- se convertiría en la mayor en la historia, desde que los primeros curas desembarcaran en estas tierras.

Más de 100.000 personas dependen hoy en Montevideo para sus necesidades más básicas del sustento de la Vicaría de la Solidaridad. Con más de 400 obras sociales en todos los barrios de la capital sin excepciones, las 78 parroquias apenas si constituyen la punta más visible del fenómeno. Casi no existen ya personas con ordenación religiosa, fuera de la tarea. Los voluntarios laicos, suman ya más de 3.500 personas.

Cuando la Iglesia Católica dio los pasos para esta misión, los animaba desarrollar una cultura de la solidaridad. Hoy, aún cuando la meta persiste, lo vital es mantener el servicio vigente: que decenas de miles de montevideanos -niños, ancianos, mujeres, hombres- coman; que los desamparados tengan un sitio dónde dormir, qué en medio de la crisis, todos encuentren algún socorro.

Increíblemente, el 60% de todo el gasto que implica asistir a 100.000 personas es aportado por los mismos uruguayos en forma directa. Donaciones, limosnas, aportes, la mayoría anónimos, sostienen la red. El resto es desde convenios con entes públicos, hasta colaboraciones del exterior. «Educar en la solidaridad», es ahora el paso que se busca consolidar, en tanto el problema ha dejado de ser una cuestión religiosa, ni tan siquiera clerical. Está sencillamente en la base del cristianismo más antiguo: amar al prójimo como a uno mismo.

Jorge Techera, representa así el espíritu vivo del sector de esta sociedad donde ha recaído con mayor impacto, el peso de la peor crisis de nuestra historia.

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