El germen no es nada; el terreno es todo
Junto con el sentimiento de injusticia que embarga a sus padres, también nació el compromiso de hacer lo posible para que otros niños sean mejor tratados en el futuro. Por ahora, sienten la misma indignación que todos los padres de hijos discapacitados, ante la reciente Ley de Seguridad Patriótica (Homeland Security Bill) promulgada por el gobierno de Estados Unidos, bajo la cual es prácticamente obligatoria la vacunación masiva contra la viruela, no bien se detecte un caso en el país. Según Day, entre las disposiciones agregadas secretamente en el proceso legislativo hay un paquete de «protecciones ante riesgos» para la industria farmacéutica, especialmente diseñado para liberar al laboratorio Eli Lilly de numerosos juicios pendientes en las cortes por las altas concentraciones de mercurio que contiene su thimerosal, un preservante que se usó en la vacuna triple, que causó autismo en muchos niños. La Academia Nacional de Ciencias, en un informe de 2001, señaló que es «biológicamente plausible» un vínculo entre thimerosal y el desarrollo del autismo.
Bajo la nueva ley, toda demanda judicial se hará ante una nueva Corte (federal) de Vacunas» , y cualquier compensación que se pague sujeta a límites estrictos saldrá de un impuesto al consumo de vacunas y no de las arcas de los culpables.
Lo más inaudito de la legislación es su retroactividad, lo que significa que los juicios pendientes serán eliminados. «Acá hay algo muy grave», dice Day, «según la tradición, las disputas deben resolverse en las cortes y basarse en evidencias y no en prebendas políticas». El gobierno estadounidense solicitó a las cortes que los documentos generados en la Corte de Vacunas sean sellados al conocimiento público.
«Esa gente no entiende que las familias de niños con necesidades especiales son fanáticas», dice Steven. «Lucharemos sin descanso contra quien trate de perjudicarlos más; y esto se aplica doblemente a los políticos».
Una tormenta de arena
La inminencia de una vacunación obligatoria está levantando presión en la nación del Norte.
La Academia Estadounidense de Pediatras (AAP, sigla en inglés) enfatizó en octubre pasado que la amenaza del bioterrorismo no es suficientemente grave como para justificar la vacunación contra la viruela en niños y adolescentes. «Esta vacuna no es segura como otras», dijo el Dr. Robert Baltimore, de la Escuela de Medicina de Yale.
Según los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, sigla en inglés), unas 500 personas de cada millón inoculado con Dryvax (nombre de la vacuna) desarrollan problemas cerebrales, cutáneos y alérgicos y caen víctimas de lo que llaman «inoculación inadvertida» si se tocan accidentalmente el área vacunada y luego otras partes de su cuerpo, que puede causar ceguera si el contacto es en los ojos.
«La gente que confía en la vacunación contra la viruela es masoquista y suicida», dice el Dr. Leonard G. Horowitz, autor premiado y autoridad reconocida internacionalmente en los campos de la salud y el bioterrorismo. Jon Rappoport, periodista investigador, denunció, entre muchas cosas graves, que dicha política tiende a inducir enfermedades crónicas, ventas farmacéuticas, y reducción de la población. Según fuentes fidedignas, existían conexiones entre el ex presidente Bush y su secretario de Estado James Baker, con compañía fabricante de la vacuna, Tanox Biosystems, de Houston, a la cual las víctimas de la Guerra del Golfo entablaron juicio. Tanox fue ligada al Dr. Shyh-Ching Lo, empleado del Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas, acusado de aislar y patentar un micoplasma patógeno originalmente tomado de un paciente del sida, que de alguna forma contaminó las vacunas dadas al personal militar aliado que intervino en la Guerra del Golfo. Sólo los soldados franceses que no recibieron las vacunas estadounidenses se salvaron de contraer enfermedades en la primera Guerra contra Irak.
El pasado 9 de diciembre, la cadena MSNBC reveló los resultados de un ensayo clínico en 200 jóvenes adultos e informó que los voluntarios que recibieron la vacuna estaban muy sanos. La investigadora Kathy Edwards los llamó la crème de la crème. Sin embargo, cuando ésta les dio la vacuna, sus brazos se hincharon, les subió la fiebre y cundió el pánico en la Universidad Baylor (donde Tanox hacía estudios del micoplasma). Lo mismo sucedió en Iowa, Tennessee y California. A 75 de 200 que experimentaron fiebre alta se les prescribió antibióticos; pero la viruela es un virus. Una de dos: o los investigadores inferían que la vacuna afectaba el sistema inmune, o estaba contaminada con alguna bacteria.
Conviene saberlo
La vacuna contra la viruela sobre la cual nunca se han hecho pruebas clínicas de seguridad disemina el virus vaccinia. Los laboratorios que fabrican vacunas viejas y nuevas contra la viruela piden que sean eliminados los estándares de seguridad y eficacia para poder patentarlas rápidamente.
La Corte de Justicia de EEUU ha establecido claramente que no deben aplicarse leyes de vacunación obligatoria que puedan dañar a las personas. En otras palabras, el Estado no tiene derecho a ordenar que un individuo sacrifique su vida en nombre de la salud pública. Repasemos la historia y veremos que toda plaga grave fue precedida por grandes revueltas sociopolíticas; las guerras generan malnutrición y condiciones anti-higiénicas, lo que debilita y enferma al ser humano.
«El germen no es nada, el terreno es todo». *
(*) Periodista
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