Denuncian que tabacaleras contratan a científicos para tergiversar información
Un informe hecho público ayer por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) muestra que empresas tabacaleras transnacionales han llevado a cabo campañas amplias y deliberadamente engañosas durante el último decenio en América Latina y el Caribe sobre los efectos perjudiciales de humo ambiental de tabaco y la naturaleza de actividades de comercialización de empresas tabacaleras. Estas campañas fueron diseñadas para retrasar o evitar restricciones del consumo de tabaco y limitaciones de la comercialización de sus productos.
El informe es el resultado de un año de trabajo por un equipo de investigadores que revisaron más de 10.000 páginas de los documentos internos de las empresas tabacaleras, principalmente de Philip Morris y British American Tobacco, que juntos tienen la mayoría de la cuota del mercado en América Latina y el Caribe. Estos documentos fueron obtenidos a través de Internet y en el depósito de Guildford en el Reino Unido.
El informe revela que las empresas tabacaleras:
Contrataron a científicos en toda América Latina y el Caribe para tergiversar los resultados científicos que vinculan la exposición pasiva al humo del cigarrillo con enfermedades graves, mientras mantenían en secreto cualquier conexión de estos científicos con la industria tabacalera. Además fueron diseñadas campañas y programas de «prevención de tabaquismo en jóvenes» principalmente como maniobras de relaciones públicas encaminadas a disuadir cualquier reglamentación significativa de la comercialización del tabaco. A su vez las empresas tabacaleras tenían conocimiento detallado de las redes de contrabando y los mercados negros del tabaco y buscaron activamente aumentar su cuota de este mercado ilegal estructurando campañas de comercialización y rutas de distribución ex profeso. El informe de la OPS también determinó que las tabacaleras gozaban de acceso a funcionarios clave del gobierno y lograron debilitar o incluso evitar que se aprobarán legislaciones sobre control del tabaco en varios países.
La investigación señala la discrepancia entre lo que las empresas tabacaleras reconocen internamente como las mayores amenazas para sus ventas y lo que admiten en público. Por ejemplo, las empresas han negado públicamente que la publicidad del tabaco tenga influencia en el inicio del tabaquismo, pero reconocen internamente que la prohibición de la publicidad es una amenaza para las ventas de sus productos y deben tomar acciones para evitar cualquier acción reglamentaria que limite la publicidad. Una táctica importante para contrarrestar el «clima legislativo adverso en la región» ha sido la promoción de campañas de prevención de tabaquismo en la juventud patrocinadas por la propia industria. Estas campañas no se centran en las consecuencias de salud del tabaco, sino en que el «tabaquismo es impropio de los jóvenes». El objetivo principal de estas campañas es presentar a la industria como un ciudadano institucional preocupado y al tabaquismo como un comportamiento de «adultos». En los documentos examinados está claro que la meta de estas campañas nunca fue reducir el consumo de tabaco entre los jóvenes.
«Este informe demuestra que las prioridades identificadas por OPS para controlar el tabaco prohibiciones de la promoción de los productos del tabaco, mayores impuestos al tabaco y entornos libres de humo de tabaco son acertadas» manifestó el Director de la OPS, George Alleyne. Las «discusiones internas de las empresas tabacaleras confirman que estas son las medidas que más reducen el consumo de tabaco». Alleyne también instó a los gobiernos en las Américas a considerar con escepticismo las recomendaciones de la industria tabacalera con respecto al control del consumo de tabaco, y a evitar cualquier tipo de asociación con dicha industria.
La «OPS y los gobiernos tienen la responsabilidad de escuchar a los expertos creíbles e independientes cuando tomen decisiones que afecten la salud pública.
Las empresas tabacaleras no son expertos creíbles en los temas de salud pública que están relacionados con sus intereses vitales,» dijo. Los productos de tabaco matan cerca de cinco millones de personas en todo el mundo cada año, un millón de ellas sólo en las Américas. *
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