Las huertas además de brindar alimento dan algo para ocupar la cabeza

Volver a la tierra

 

Desocupados, subocupados, organizados y asesorados, anónimamente se dispusieron a tomar un lugar en la tierra. Vecinos medianamente estructurados, familias, ollas populares, merenderos y asentamientos le han dado vida a la tierra plantando las más variadas gamas de hortalizas, tubérculos y legumbres. A partir de julio la Facultad de Agronomía comenzó a recibir varias llamadas por día pidiendo asesoramiento para crear huertas que produzcan un sustento para varias familias acosadas por las penurias del alicaído mercado laboral uruguayo. Hasta agosto se presentaron unas 20 solicitudes, de ese período a noviembre el número ascendía a un estimativo de 200 solicitudes y otras tantas funcionando, fundamentalmente en las periferias de la ciudad.

Esto no comienza ahora

Fefo es un chico joven, está muy activo en el tema, asesora pero por las de él, pudo aprender el oficio y ahora hace talleres para plantar en azoteas, balcones y otros lugares, por ejemplo un apartamento. Da talleres a gente desde Pocitos a Manga y dice: «Este es un pueblo de campo no hay que olvidarse, me da la impresión de que nos olvidamos de eso, pero todo eso está latiendo y cuando le hincás el diente ves que hay carne, ves que realmente está cargado de cosas, antiguas y nuevas».

En esencia Uruguay fue un país agricultor, también ganadero, a pesar de estos orígenes la cultura de valorar la tierra perdió la guerra en la ciudad, sin embargo, más del 60% del territorio montevideano es rural. Pero esta vez parece ser que el hambre o la necesidad de alivianar costos en la canasta básica pudieron más.

Nora, integrante de Redes-Amigos de la Tierra explica: «En los años 60 se comienzan a perder los espacios, las huertas se convierten en jardines. En lugar de árboles frutales se plantan árboles ornamentales.

En aquel momento la gente hacía la huerta como una estrategia de ahorrar. de tener cosas frescas, tenían muy cerca los antecedentes campesinos, tanto los inmigrantes como los que ya tenían varias generaciones en el Uruguay».

Hoy en día la huerta se propone como algo orgánico por el bajo costo que requieren sus insumos y para no utilizar nocivos agrotóxicos y/o transgénicos con efectos que pueden perjudicar la salud humana y biológica del planeta. La producción que requiere del paquete tecnológico (agrotóxicos en general y transgénicos) es muy cara y muchos productores pagan cuotas usureras a los bancos que prestaron el dinero para esa compra, al parecer innecesaria.

¿Y ahora qué?

«Ahora surge otro problema social, la gran crisis económica, el problema del sustento diario y de tener una alimentación adecuada y empiezan a surgir las huertas familiares y comunitarias. En todo Montevideo se están haciendo experiencias en ese sentido, sobre todo en la parte suburbana de Montevideo. (…) En los barrios es porque el padre está desocupado, o la madre está desocupada o la ocupación que tienen es totalmente insegura con un salario bajísimo y hay que ahorrar», dice Nora de Redes. Mucha gente ha encontrado en la huerta, no sólo un sustento, sino una forma alternativa de trabajar y vivir, una labor para realizar en el día, algo en que ocupar la cabeza, manteniendo la dignidad que parece negar el llamado mercado para, por lo menos 250 mil uruguayos en edad de trabajar pero desocupados.

Además del factor económico, una cuestión aparece como tema no menor: la soberanía e independencia alimenticia. Nora lo explica brevemente así: «El depender de otros en la alimentación te hace depender de lo que las grandes de la alimentación quieran. (…) Las huertas son importantes más que nada por un punto de vista filosófico».

Según Margarita García, docente en la Cátedra de Horticultura de la Facultad de Agronomía, el perfil de las personas que trabajan en las huertas mayormente son individuos sin trabajo o que trabajan en condiciones precarias, sin embargo poseen una gran capacidad de respuesta, tienen buena capacidad de organizarse y pueden esperar los ciclos de cosecha. Margarita indica: «No es un sector marginado, es gente que está recientemente desocupada, que sigue pensando y sigue buscando cosas».

Una experiencia sumamente interesante es la que se comenzó a gestar en la ocupación del liceo IBO. Allí alumnas y alumnos crearon una huerta. «En agosto la empezamos, es algo difícil plantearse, en un liceo, que se pueda aprender con otro tipo de educación, nosotros teníamos todo este terreno y no teníamos ningún contacto con la tierra, no lo estábamos aprovechando.(…) es muy difícil mantenerla, tenemos que venir especialmente de nuestras casas y con el tema estudio y trabajo, se complica bastante», dice Cecilia. Sin embargo, se obtuvieron unas 200 lechugas mientras tomates, melones, cebollas, boniatos, maíz y otras cosas esperan su turno para abandonar la tierra y pasar al plato.

Sembrar esperando cosecha

Es muy difícil saber qué va a pasar en un futuro con todas estas iniciativas. Las solicitudes de asesoramiento siguen llegando a Agronomía, y en cuestión de 3 meses la demanda se multiplicó en un 100 %. Casi la mitad de las solicitudes son de vecinos que se organizan, pero familias aisladas también lo hacen, en los asentamientos se encuentran las huertas más cuidadas. En toda esta transformación la Facultad de Agronomía tuvo una participación crucial, García explica que su miedo es que se desarme el grupo de estudiantes, actualmente los más activos son los militantes de la AEA (Asociación de Estudiantes de Agronomía), y de la FEUU (Federación de Estudiantes Universitarios) que en la última huelga tomaron el tema como bandera de lucha. La docente ve con buenos ojos que este trabajo comunitario se integre a la currícula para que más gente pueda ayudar.

«Esto surgió dentro de un panorama social y económico de país bajo que tiende a consolidarse, yo no veo perspectivas de que cambie. La huerta permite a la gente asegurar la alimentación. La gente empezó a decir que quería criar chanchos o gallinas para complementar la dieta, la huerta es como que tiene todos los elementos para consolidarse. Se ha logrado bastante», concluye la docente.

Nora de Redes confía en la organización y el asesoramiento de las personas como arma para que la cosa siga funcionando. «Yo creo que se va fortaleciendo el tema este, el tener asegurada tu mesa es muy importante», dice la activista.

Fefo, el tallerista ve el futuro de las huertas así: «Culturalmente hace tiempo que estamos en crisis, lo de las huertas hace tiempo que surgió, ha tenido un repunte impresionante ahora, la cuestión es: cuántos van a seguir con esa relación con la tierra, con el alimento, con maneras alternativas de subsistencia, o de mejorar la salud. No hay huertas que surjan en un año, la huerta ciclo a ciclo te muestra cuánta atención le ponés. Esto forma parte de redes de distintos estratos que se encuentran y comparten la herramienta fundamental: el conocimiento, que se descentraliza del conocimiento privado o casi, entonces eso es sumamente interesante y ahí la pregunta: ¿Será? ¿No será? Vamos a ver». *

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