Confesiones

El 20 de marzo de 1930 Rubén Martínez Villena dirigió la primera huelga exitosa, que duró 24 horas, contra la tiranía de Machado. Ese año visitaron Cuba Federico García Lorca, Porfirio Barba Jacob y Luis Cardoza y Aragón.

Escrito por: ROBERTO FERNANDEZ  - RETAMAR (*)

Viernes 06 de diciembre de 2002 | 6:45
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El 30 de setiembre, una manifestación universitaria contra el gobierno tiránico fue violentamente reprimida por la policía, lo que le costó la vida al estudiante Rafael Trejo, y la cárcel al dirigente obrero Isidro Figueroa, al combativo periodista Pablo de la Torriente (que ese año había publicado junto con un amigo su libro de cuentos Batey) y al profesor universitario Juan Marinello, un de los editores de la prestigiosa Revista de Avance, la cual dejó de publicarse entonces.

José Lezama Lima, quien había sido hechizado por las conferencias de García Lorca, participó en la manifestación del 30 de setiembre, como solía recordar su cronista mayor, Raúl Roa. Tantos hechos trascendentes sin duda contribuyeron a que pasara inadvertido que ese año 1930, el 9 de junio, yo vine al mundo. Al menos así me aseguraron personas dignas de crédito, como mi padre y mi madre.

Mis primeros, desvaídos recuerdos, a mis tres años, son un grupo de gente con poca ropa corriendo por la calle Jovellar (hoy 27 de noviembre) bajo la lluvia de lo que después supe que era el ciclón del 33.

Otro recuerdo es un intenso aroma de la flor llamada mariposa, cuyas puchas eran vendidas en esa calle donde yo vivía. Y también recuerdo la sorpresa de ver entrar a mi padre llorando en el cuarto donde yo dormía: mi hermano mayor había fallecido, durante la huelga de médicos de 1934. Así pasé a ser el mayor entre los que al cabo seríamos tres hermanos.

Mis padres eran patriotas y lectores, y serían mi mayor influencia. Creían que yo iba a ser pintor, lo que al cabo no fui.

Luego, al inicio de mi bachillerato, imaginé que iba a ser matemático, lo que como es obvio tampoco ocurrió. Tenía muchas vocaciones, como las mencionadas, y además la filosofía, pero al cabo me ganó la literatura. Mis primeros textos, muy ingenuos, datan de mis 15 años.

Además de Martí, mis otras dos figuras tutelares eran Julián del Casal y Miguel de Unamuno. Cuando terminé mi bachillerato en Ciencias y Letras (no pude decidirme por unas o por otras), mis padres me enviaron a Nueva York, donde pasé varios meses, y de donde volví convencido de que sería un escritor y un hombre de izquierda. Tengo la impresión de que de entonces a acá no he cambiado mucho.

Siendo un adolescente, casi un niño, pertenecí a un grupo de aspirantes a intelectuales, muy importante para mí. Creo que no he vuelto a pertenecer a ningún otro grupo similar. Aunque, a partir de mis 20 años, mis vínculos con integrantes del Grupo Orígenes, me alimentarían mucho.

Al triunfar la revolución, a mis 28 años, era autor de tres títulos de poesía y dos de estudios. Pero la Revolución, cuyas metas martianas haría mías para siempre, ha resultado la experiencia mayor de mi vida. Además de escribir incesantemente, he sido profesor, periodista, editor, diplomático y varias cosas más, unas para ganarme la vida y otras por sentido del deber. Nunca me he dedicado sólo a escribir. Incluso cuando no lo conocía, seguí el consejo de Goethe:

“Acuérdate de vivir”. En eso estoy. Pronto cumpliré 50 años de casado. Tengo dos hijas, tres nietos y algunas decenas de libros publicados. Ah, y 71 años. *

* Escritor y periodista cubano – Servicio de Prensa Latina, exclusivo en Uruguay para LA REPUBLICA

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