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Jueves 24 de Abril, 2014
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  • "El olor, el gusto y el efecto"

    72 muestras de marihuana compitieron en la primera Copa Cannábica de Uruguay

    Por primera vez en Uruguay se realizó un torneo que premia la mejor planta de cannabis. Se presentaron 72 muestras y participaron alrededor de 300 personas. Un argentino obtuvo el primer premio en la categoría internacional. En Buenos Aires lleva varias ediciones

    Escrito por: Emilio Ruchansky

    Martes 07 de agosto de 2012 | 20:30

    La copa cannábica

    En una casona del barrio montevideano El Prado, se realizó la primera Copa Cannábica de Uruguay. En total compitieron 72 muestras de marihuana en un evento que reunió a casi 300 personas, entre activistas, cultivadores, comerciantes de adminículos para usuarios y representantes de medios especializados. “No estamos haciendo nada ilegal aunque esté prohibido redistribuir y repartir sustancias. Esto es consumo colectivo, algo que nuestra Corte Suprema ya avaló en el fallo Guillot”, aseguró Laura Blanco, una de las organizadoras y presidenta de Asociación de Estudios Cannábicos del Uruguay (Aecu). El jurado tuvo varios miembros argentinos y se dieron premios para flores cosechadas en exterior o bajo lámpara o “indoors”. “El gobierno uruguayo puede estar tranquilo, tienen buenos cultivadores”, señaló el ganador de la categoría Internacional, el cultivador argentino, conocido como Chirry.

    Según explicó Juan Vaz, integrante de Aecu y del colectivo Planta tu planta, en este tipo de competencias se evalúa la presentación, el olor, el gusto y el efecto. “Como en la Copa Del Plata, que hace años se hace en Buenos Aires, éste es un evento para sibaritas”, comentó. Vaz y otros cultivadores también presentaron la tienda online Delaplanta.com, donde una vez por semana se despachan pedidos de humus, sustratos y preparados orgánicos para combatir las distintas plagas que pueden atacar al cannabis. “Más que una tienda, es un hobby compartido entre amigos”, agregó.

    Otro de los emprendimientos que se expusieron en la feria, que ocupaba un extenso galpón al fondo de la casona, era una serie de objetos fabricados con cañamo: remeras, camperas, bolsos y jabones. “La fibra del cañamo sirve para muchísimas aplicaciones y en Uruguay se está investigando, se planta en China, en Europa y en varias partes de América del Norte, pero sigue prohibido en Sudamérica. Es ridículo”, dijo a este diario Lupo, un italiano que vive en Argentina, quien retuvo algunos de estos productos aunque ya los había vendido para que pudieran verlos otras personas.

    Para todos los gustos

    Los competidores y sus invitados también pudieron llevarse, gratis, el número 1 de la primera revista cannábica de Brasil: Semsemente (sin semilla). “Tuvimos problemas para imprimirla y también para distribuirla; la discusión en Brasil está muy retrasada pero se está dando”, dijo William Lantelme, director de arte de la Semsemente y uno de los jurados de la copa. La revista argentina THC (uno de los sponsors del evento) y Haze también tuvieron sus stands, al igual que las tiendas de cultivo y parafernalia locales: Yuyo Brothers, Urugrow y Kaboa. También hubo representantes de los bancos de semillas europeos Puresativa y Greenhouse. Las muestras que probaron los competidores se repartieron en cajas de cerámica con tapa de madera. “Te dan tres muestras, dos paquetes de sedas, que son medio pelo, una lapicera, un papel para puntuar y dos semillas de Greenhouse”, enumeró Walty, un competidor oriental. Luego presentó a sus amigos: “Acá estamos los tres tipos de cultivadores: el procesado, al que le robaron la cosecha y yo…”. “El cultivador exitoso”, interrumpió el muchacho procesado por tener “ocho matas en casa”.

    Aunque el jurado tuvo la responsabilidad de evaluar las muestras, los demás cultivadores cataron flores todo el día para votar el premio del público, que se conocerá en pocos días. El lugar elegido, mientras acompañó el sol, fue el patio de la casona. Los competidores se sentaron en pequeños cubos, trituraron las muestras, las olfatearon y degustaron, mientras se servían café con leche, mate, té, chocolatada y croissants. En la cocina también había manzanas, mandarinas y bananas para contrarrestrar la baja del nivel de glucosa en sangre que produce el uso de marihuana. Nacho, conocido como Nevermore en los foros de lamarihuana.com, concurrió con tres amigos con los que comparte su cultivo de guerrilla. “Vamos a un parador a cuarenta minutos de Montevideo y sembramos en lugares públicos. Primero nos comemos un asadito, después regamos y revisamos las plantas”, contó. Para él, la iniciativa del gobierno para producir y regular la venta de cannabis es interesante para el público en general. “No para mí que prefiero el autocultivo y creo que también tenemos que permitirlo”, agregó el joven.

    Por la tarde se intensificó la tarea de los jurados para coronar a los campeones de las distintas categorías, mientras por teleconferencia el gurú de los cultivadores, el norteamericano Jorge Cervantes, adelantó que pronto visitará la región. “Vengo escuchando muy buenas noticias en América latina, sobre todo en Uruguay, creo que es un gran momento”, dijo Cervantes. Cuando le consultaron sobre las falencias propias de los cultivadores sureños, el gurú fue al grano: “No le dan suficiente calcio a la planta cuando está floreciendo. Pero se soluciona con harina de hueso”. Los ganadores fueron anunciados por el locutor radial Ernesto Muñiz, quien destacó la “dura tarea” del jurado. Las muestras de cinco gramos, como mínimo, fueron recibidas dos semanas antes de la copa. “El ganador de cultivo exterior trajo una muestra con pegue limpio y para arriba”, describió uno de los organizadores, antes de premiar a Juan Guano, de 23 años, que envió una cruza de semillas “Amnesia Haze por White Widow” y trabaja en la tienda Urugrow. Luego vino la sorpresa del torneo.

    El ganador de la categoría “indoor” fue un tal Mojo Risin, que envió unas flores de Prozac, del banco Medical Seeds. “Es la primera vez que planto”, dijo y recibió un extenso aplauso. El premio internacional fue para el argentino Chirri, que llevó una muestra de Moby Placebo, una cruza genética de su autoría. “Perdí la cuenta de cuántas cosechas tuve”, reconoció luego. Laura Blanco, una de las organizadoras, terminó agotada y feliz: “Pasaron los activistas que más se la juegan y hubo mucho intercambio de información. Fue un gran acto desobediencia civil”. Página/12

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